11. JIN

Avanzar con un grupo más grande brindaba ciertas ventajas. Conocían cuevas con mayor afluencia y atajos en las cuevas del abismo y era más sencillo avanzar entre descenso por los pisos.

Quedaron encantados con la capacidad de Amy para atraer criaturas y así eliminamos grandes cantidades. El detalle radicó cuando pidieron ver nuestras estadísticas. Afortunadamente teníamos a una mujer con especiales dotes de dulzura y encanto.

—¿Y dentro de un rato también te debo mostrar la ropa interior si me lo pides con educación? La respuesta es no. Mostrar las estadísticas es peligroso para cualquier aventurero —espetó Mena de manera cortante y todo el asunto quedó zanjado.

Tomamos las pieles de Nalfesnee que nos faltaban y descendimos para tomar dos más de Ciclope y continuamos más abajo para tomar colmillos de beartrolls y huesos de fenrir.

Un día entero fue mucho trabajo y debimos acampar en el piso veinticuatro y colocar repelentes en ambas puertas de la cueva para descansar. Amy había superado sus límites y cada vez avanzábamos más. Aproveché que el otro grupo subía junto a Riley para elevar un poco las estadísticas de las chicas previo a seguir descendiendo.

Con cada piso notábamos que nuestra fuerza crecía, pero los monstruos eran el doble de fuertes, resistentes y difíciles de eliminar. Nos agotábamos el triple y necesitábamos usar todas nuestras armas y trucos para derrotarles. Terminábamos heridos y usamos gemas de cura con mayor frecuencia.

Descender producía mayores ganancias, incluso excedentes a nuestra misión de recolección. El detalle es que se gastaba mucho más para poder estar en aquellos niveles. A pesar de eso cada uno de nosotros teníamos al menos dos monedas de oro en el bolsillo y esperábamos el siguiente pago.

—No imagino cómo será el jefe del nivel treinta —terminamos la lucha con cinco beartrolls y todos nos sentamos exhaustos. Mena tomó una de las espadas y guardó en el bolso. Comprendí que era difícil tener que alejarse para hacer daño y no tener nada con que defenderte si estabas frente a frente del enemigo. Más cuando estábamos en pasadizos pequeños y angostos.

—Yo quiero aprender alguna magia nueva o ultra fuerte, además si estamos suficientemente cerca al momento de derrotarlo, podríamos subir de nivel por la experiencia —Comentó Amy recogiendo un par de gemas.

—Miry quiere matar suficiente y luego regresar. Tenemos dinero y tengo el presentimiento que debemos irnos pronto. Miry es una Tumb, y las Tumb pueden sentir esas cosas.

—¿Crees que viene el ataque de los goblins? —pregunté.

—No sé. Pero es como si estuviera en una jaula.

—Una conejita en una jaula —rio Amy.

—Si no te conociera diría tienes miedo —opinó Mena.

—No es miedo, pero Miry quiere mantenerse viva.

—¿Qué sientes Miry? —pregunté —¿El peligro está adelante en el piso treinta o atrás?

—Ese es el problema Allan. Está en todas partes, siento que los caminos se cierran y que todo será un desastre.

—Yo digo que entremos al piso treinta, pero nos mantengamos atrás. Lo más cerca de la puerta posible y correr tan pronto como podamos. Si podemos guardar algunos repelentes para tener un camino libre de regreso —opinó Mena.

—Miry no sabe explicarlo. Miry quiere pelear y estará donde Allan vaya. Pero siente que el peligro se acerca.

—¿Las orejas sienten el peligro? —Amy tomó el instante a broma —bip bop bip bop.

Nos reímos y continuamos cazando hasta reunirnos nuevamente con el grupo y descender hasta el piso veintisiete en grupo.

Desde el piso veinticinco no había casi lámparas alumbrando el camino. Por lo tanto, los aventureros sacaron las suyas y las dejaban en el suelo mientras luchábamos. Entonces observamos por primera vez a los bulette. Era bestias enormes de cuatro patas con musculatura marcada, de cuerpo gris duro como la roca. Todo su rostro era como una gota de piedra con un cuerno ascendente y afilado. La zona superior del cuerpo era de roca impenetrable.

Por lo tanto, la única forma de eliminarles era obligarles a levantarse en sus dos patas traseras. Se lograba usando una punta de piedra para que estos saltasen antes de encontrarse con el aventurero.

La otra forma era muy peligrosa y era básicamente quedar a merced del bulette bajo sus enormes garras de piedra y clavar tu espada en su abdomen. Preferimos el primer método.

Por mucho los bulette eran las bestias más difíciles de lidiar y eliminar en el abyss. Incluso más que las arañas gigantes que hallamos en el piso siguiente. Recolectamos y enviamos con Riley por última vez antes de llegar al piso veintisiete, aprovechando que la brecha de los jefes muertos se cerraría pronto y él no podría subir hasta que alguien más derrotara al jefe.

Algo bastante poco probable teniendo en cuenta que la mayoría de los gremios se hallaban abajo a la espera del jefe treinta.

El piso veintisiete era muy ancho y alto. Con columnas largas y azuladas que llegaban hasta el techo, como si fuesen amplios y bastos salones de palacios. Las tiendas estaban dispersas por todo el lugar en grupos de cuatro a cinco. No había monstruos y el ambiente que se sentía en el aire era festivo.

Apenas nos acercamos noté los barriles de cerveza y vino regados por el lugar. Me pregunté cómo los habían llevado hasta allí como si fuese un material primordial en una campaña. Las fogatas se hallaban esparcidas y los aventureros iban de una a otra.

—Es cómo una casa muy grande y cada una de estos son las habitaciones —comentó Amy mientras caminábamos guiados hasta la sala donde se hallaba Camus y el centro de operaciones. El lugar era un grupo de tiendas enormes con forma circular y los principales en el centro cerca de una fogata y una mesa. De nuevo, me pregunté cómo llevaron todo aquello hasta el piso veintisiete del abyss.

—Allan, el chico fenrir y su grupo. Señores ellos son el gremio fenrir —Camus se hallaba sentado junto a un grupo de aventureros. Por sus armaduras y portes adiviné era la vanguardia. Los guerreros que luchaban en el frente de batalla.

—Soy Allan, ellas son Miry, Mena y Amy.

—¿Es una broma Camus?

—Ninguna. Estos chicos llevan apenas tres meses en el abyss y ya están matando al ciclope.

—¿Qué? —las miradas se centraron en nosotros.

—Lo sorprendente es que ustedes no sepan aún de él y su grupo. Es el chico que eliminó al fenrir que se escapó semanas atrás y su grupo está realizando la misión de Selyntos para los materiales.

—Son ellos entonces —sonrió un hombre gordo con armadura dorada y barba roja larga —. Un placer chico, soy Grant, del gremio Ulises.

—Celio, del antiguo gremio Celio.

—Perome, capitana del gremio Marbhi.

Sentados también se encontraba Tariel, Van y Stella. Sobre la mesa había un cuadro de vidrio con un cuadrado que entendí se trataba de la cámara del jefe. En el recuadro se mostraban distintos puntos.

—Necesitamos que todos los implicados sepan sus posiciones antes de entrar en la cámara —comentó Camus.

—No se puede luchar organizado allí adentro. Son unas doscientas criaturas y cada diez minutos entran doscientas más. Lo cual significa —Grant fue interrumpido por Camus.

—Significa que debemos eliminar doscientas criaturas y al jefe del piso antes de diez minutos porque llegará otra ronda. Si no hemos acabado con las primeras doscientas criaturas, tendremos un problema el doble de grande y así consecutivamente. Por ello tenemos un plan. Stella.

—Armaremos cinco grupos. Dos para atacar al jefe del piso turnándose, mientras tres van a estar en la retaguardia eliminando los monstruos en estas posiciones. Aquí, aquí y aquí —señaló el tablero y noté era una formación triangular.

—Si tardan más de diez minutos, ¿qué planean hacer? —repuso Mena

—No llegaremos a los diez minutos —contestó Stella lanzándome una mirada despectiva.

—Pero, si llegan ¿qué harán?

—Nuestro plan se basa en poder derrotarlo en diez minutos, por eso hemos reunido un grupo tan grande —me respondió Camus.

—El problema que Allan quiere decirles y Miry entiende, es que esa formación matará a los dos grupos que luchan contra el jefe si llegan a los diez minutos —Miry se levantó señalando el tablero —. Si los monstruos entran por aquí, los primeros en encontrarse con ellos serán los que peleen contra el jefe. Y si los otros tres grupos avanzan hasta aquí, para protegerlos, quedarán atascados y no podrán escapar de los jefes.

—Nosotros podemos atraer a los monstruos hasta aquí, atrás, pero requeriríamos que los otros dos grupos nos cubran —intervino Mena.

—¿Puedes atraerlos hasta allí? —preguntó Camus. Era obvio que tenía algo de información y la confirmaba.

—Alguien en nuestro equipo tiene una habilidad de atracción —Mena era decidida y Miry muy buena en estrategia, capaz de identificar los puntos débiles con solo mirarlos.

—¿Quién? ¿Podría mostrar sus estadísticas? —Preguntó Celio.

—No podemos, debemos resguardar a nuestro gremio. El punto es que podemos señores. Es por eso que Camus nos pidió estar aquí ¿no es así? —Mena se dirigió al jefe.

—En efecto, tengo cierta información y sospechas. Entre ellas estaba el que podían atraer grandes cantidades de criaturas. Puedo confirmar que alguno de ustedes cuatro tienen esa habilidad.

—No sé qué clase de criaturas enfrentaremos, pero si logramos colocarnos en este costado y el jefe y los otros dos grupos en el otro. Ambos podrían tener una ruta de escape y aquellos que estén heridos de ambos grupos podrían quedar aquí, en el centro. Además, no importará el lapso de los diez minutos, teniendo el llamado de nuestro lado siempre podrán centrarse en el jefe los del otro.

—Suena como un plan viable —opinó Grant.

—¿Tú que dices Stella? —preguntó Camus —¿funcionaría?

—Si tienen alguien con esa habilidad, entonces sí. Funcionaría señor.

—Las mujeres son las mejores para armar estrategias, en eso somos iguales Allan —sonrió Camus —y tienes a dos fuertes contigo.

—Son mis compañeras, me enorgullezco de ellas.

—Quiero verlos en escena.

—Señor hay que indicar los grupos —remarcó Stella y comenzó a indicar quienes pertenecía a cada grupo. Obviamente Van, Stella, Camus, Grant, Celio y Tariel se hallarían en el grupo de ataque al jefe.

La reunión duró solo unos pocos minutos, pero a mí me pareció eterna y dura. De no ser por Miry y Mena yo habría estado callado y sudoroso en todo el trayecto.

—Mena y Miry son grandiosas, se pararon y hablaron y yo me quedé wow —Nos dirigimos a uno de los extremos a montar nuestra tienda de campaña. Prendimos fuego y pusimos salchichas de la señora Katie y Mena a cocer con chocolate y pan.

Amy jugó un rato con el urf antes de irse a dormir. La tienda de campaña era pequeña así que terminamos todos muy cerca. Enrollados en las mantas para mantener el calor pues en el piso veintisiete la humedad y el frio se concentraba.

—Esa Stella me cae mal —susurró Mena —quisiera golpearla por arrogante y ser tan altanera.

—No creo que debas, o puedas —opiné.

—Yo te ayudaría —comentó Amy. Y yo que la imaginaba dormida.

—Pues Miry si se atreve a darle un golpe aquí, y otro por aquí.

—Y lanzarla al suelo y patearle el estómago —comentó Mena.

—¿El estómago? Miry pensaba en golpearle la cara.

—¡Me gusta eso, yo quiero! —Amy se sentaba en el lugar.

—Pero es que dañarle la cara a una chica no me parece justo. Pero a ese tal Van si soy capaz de patearle la cara, por egocéntrico y siempre busca de acercarse a conversar.

—A Miry le parece divertido. Van abrió mucho los ojos cuando Miry le dijo que ya tenía un esposo.

—Pero yo nunca he visto a Miry besando a Allan —sentenció Amy sentada.

—Podría hacerlo, pero Miry aún no está preparada. Una Tumb puede esperar varios años para besar a un esposo.

—¿Varios años? —pregunté y sentí el golpe de Mena contra mi estómago.

—Miry cree que… —hubo un fuerte grito afuera y todos nos miramos antes de continuar la conversación.

—No sé quién es peor, si Van o Stella —continuó Mena cortando el tema anterior.

—A mi Camus no me cae mal del todo, pero su grupo es otro asunto. A veces creo que quiero… —los gritos fueron más fuertes, todos nos sentamos y salimos de la tienda algo asustados.

Los aventureros corrían en diversas direcciones, algunos en dirección a la cámara más al fondo de la derecha, otros sencillamente huían del lugar. Ninguno de nosotros se movió o comprendió hasta escuchar el grito de un par de hombres.

—¡El Jin! ¡Es el Jin! —uno de ellos tropezó con un tonel y se estrelló con una carpa cayendo atrapado entre telas. 

—¿El jin? ¿es en serio? —Amy y Miry corrieron en dirección al desastre, Mena y yo nos observamos y decidimos seguirlas. Después de todo, había una cantidad enorme de aventureros en el lugar y, además, se hallaban tres aventureros nivel siete en el lugar para hacerle frente.

—Deténganse —Mena alcanzó a Amy tomándole del brazo —no pueden correr en dirección al peligro. No es prudente, además es el Jin.

—Está luchando Van, Stella y Camus contra el Jin —gritó Miry y los otros tres apartamos al resto y nos adelantamos para ver. Entonces pude ver al Jin del que tanto había escuchado hablar. De hecho, todos lo pudimos ver.

Era un hombre de aspecto joven sin camisa y pantalones azules casi negros muy grandes. Llevaba argollas relucientes y doradas en la muñeca de sus manos y cabello oscuro y alborotado. Tenía un aura… No, no era un aura. Eran aves oscuras que revoloteaban a su alrededor llenando el ambiente.

Quedé sin aliento. El Jin no era ninguna criatura. Se trataba de un humano.

—¿Eres el Jin? —Camus interrogó avanzando un poco y el aludido giró un poco la cabeza y rio estridentemente.

—Soy Jin, no el Jin.

—¿Qué haces? ¿Por qué…? —Noté que Camus no terminó su frase, pero cerca de donde se hallaba Jin había un cuerpo, o los pedazos restantes de uno. Alguien murió allí.

—Emerant —sonrió y nos observó a todos —están retando a Emerant entrando aquí, no comprenden su poder, el poder que hay en este lugar. No se conectan con el abyss.

—No entiendo lo que quieres decir Jin, pero creo que podemos ayudarte y conversar de manera racional y llegar a algunos acuerdos. En especial sobre… —Hubo un silencio y todos quedaron mudos. Jin alzó su brazo y de la mano brotaron esas aves oscuras y llenaron el aire. Camus voló por la estancia y se estrelló con la pared de la caverna y esta estalló. Un segundo antes de que se estrellara se escucharon unas palabras y observé un destello azulado sobre su cuerpo. Tenía la habilidad de protección.

Stella giró la cabeza para ver al hombre volar mientras Van se lanzó directo al Jin. Un coro de gritos se escuchó en el abyss y todos los aventureros quedaron fríos ante lo sucedido.

—No tienen oportunidad, nunca la tendrán. Son insectos sucios e idiotas. Mueran como lo que son —las aves revolotearon y un cúmulo de ellas se formó frente a Van el cual se detuvo a pocos metros del Jin.

Un ser alado alto y esbelto se formó delante de Van. Para entonces al menos la mitad de los aventureros se hallaba corriendo, huyendo del lugar. El ser que se formó de las aves oscuras era un ángel, esbelto de cabello azul y un halo alrededor de su cabeza. Su pecho se hallaba desnudo con sus músculos marcados y una tela con símbolos cubría de su cintura para abajo. No obstante, lo verdaderamente atemorizante era su arma. Un martillo enorme con una punta cuadrada del tamaño de al menos un bulette.

—¿Qué es eso? —susurró Amy aferrándose a mi abdomen.

—No tengo idea —respondí.

—Es una criatura de los pisos inferiores —Mena estaba pálida y sus manos temblaban —deberíamos irnos.

Asentí con la cabeza, pero observé con atención como Van intentó atacar al ángel y este de pronto desapareció de donde se hallaba y reapareció justo a un lado blandiendo su martillo. El arma chocó contra un costado de Van, el cual interpuso su brazo izquierdo que se hallaba cubierto de armadura. La fuerza fue tal que el brazo se arrimó y el arma tocó su cuerpo.

—¡Por Númer, lo mató! —expresó Miry y yo observé lo que sucedió a continuación. La parte delantera del cuerpo de Van se mantuvo intacta observando a su contrincante. Pero toda la armadura de su espalda estalló en pedazos junto con su piel huesos y músculos. Y así murió Van. De pie sin comprender cómo de un solo golpe el ángel le estalló la parte trasera de su cuerpo dejándole sin vida.

—¡MALDITO! —Stella se lanzó contra el ángel y noté que para entonces el Jin ya no se hallaba en el lugar.

—¡Hay que irnos! —Los aventureros gritaron y partieron en carrera. Mientras yo observé a Mena a mi lado —no te separes de nosotros Amy.

El problema fue que el ángel no reparó en Stella y desapareció de pronto de la vista para reaparecer frente a un aventurero que se hallaba detrás intentando escapar. El mazó cayó sobre su cuerpo destruyéndole en pedazos que salieron esparcidos en distintas direcciones.

—¡Corran! —gritó alguien y nosotros ya estábamos huyendo en carrera. Miry y Mena a mi lado y Amy sujetada de mi mano.

El ángel se apareció al frente de nosotros y con su mazo desapareció a dos hombres en un estallido y el suelo se rompió en pedazos. Yo salí volando con Amy tomada de mi cuerpo y estrellé contra una de las columnas del lugar.

Abrí los ojos apretando a Amy contra mi pecho. En sus ojos vi el miedo, ella estaba tan aterrorizada como yo. Me levanté observando mi alrededor y el desastre. Las tiendas tiradas y Mena de rodillas apenas a dos metros a mi derecha y luego vi a Miry. De pie sacando sus dagas cuando el ángel se materializó frente a ella.

—Mena, llévate a Amy de aquí —balbucee mientras me hallaba en carrera. Mi cuerpo se movió por instinto en dirección al ser alado sin saber exactamente qué hacer. Pero algo era seguro, no dejaría que nadie matase a Miry. Aquello incluso si yo moría, lo cual era lo más seguro. Mi cuerpo entero lo sabía, me dirigía a ser despedazado por aquel martillo.

Me interpuse empujando a Miry con una mano, esta me vio con los ojos tan abiertos que me impactaron y noté el brillo, su color verde turquesa y sonreí. El martillo venía desde arriba y se estrelló contra mi espada en la espalda y sentí el brillo azulado resplandecer a mi alrededor. Mi cuerpo no estalló y comprendí la situación.

La habilidad protección se había activado por si sola.

Me moví blandiendo mi espada en la mano derecha y el cuchillo en la izquierda. Agilicé mi mente y me dejé llevar por una sensación que nació en mi pecho de súbito. Iba a matar a ese ángel. Aunque la razón me dijera que era imposible, aunque no fuese fuerte, aunque todo estuviese en mi contra. Lo iba a matar allí con mi espada y mi cuchillo. Por Miry, que estaba a pocos metros aun impactada. Por Amy quien escapaba junto a Mena en carrera. Por Vert, quien murió en el bosque por haber aparecido junto a los demás en el faro.

Activé prisa y me posicioné en su espalda, pero el ángel desapareció y sentí el martillo venir desde mi derecha. Me agaché casi al ras del suelo y mi espada chispeó cuando tocó el metal del ángel y el azul de la protección se activó nuevamente.

Salté a sus piernas y realicé un corte ligero y superficial en su tobillo y comprendí que podía hacerlo. Yo era rápido, más rápido que nadie, o quizás menos que Miry.

Bloqué el ataque en descenso del martillo colocando mi espada en diagonal para permitir que el arma continuase su camino. Era un truco que había visto hacer a los beartroll cuando estaban acorralados.

Sentí de pronto su grito y todo mi cuerpo se estremeció. Una fuerza enorme me empujó contra el suelo y él lanzó de nuevo su martillo contra mí con ambas manos. El azul brillo y mi espada enorme de batalla chocó contra el martillo impidiendo el paso.

Vi su tobillo y noté que su herida se hallaba curada por completo y entendí poseía algún poder de regeneración. Uno más alto que ninguno que yo hubiese visto antes. Alcé la vista con ira y vi sus ojos azules refulgentes, y lancé la mirada más asesina que pude. Debía dejarle claro que yo le asesinaría.

Desapareció y reapareció en mi espalda, el martillo abanicó el aire cuando me moví en retroceso aún más rápido que él. Acto seguido se transportó a mi derecha y atacó con el martillo nuevamente.

Era veloz. El tamaño de aquella arma no correspondía con su peso, pues el ángel la movía como si se tratase de una pluma a una velocidad extraordinaria.

Bloqueé nuevamente y corté su muñeca derecha. Si quería ganar debía de producir cierto daño. Entonces noté como el ser alado desapareció y me propinó un golpe con el martillo desde abajó hacia arriba. Yo interpuse la espada, pero de igual forma salí despedido del suelo y aterricé varios metros atrás.

Desapareció y reapareció frente a Miry nuevamente.

Grité y sentí otra habilidad activarse dentro de mí. Atracción.

El ángel se detuvo y me observó girando su cabeza y extendiendo sus alas desapareció y reapareció frente a mí. Lo siguiente fue una serie de golpes en todas direcciones y yo moviéndome a un ritmo que apenas comprendía. Detuve sus veintidós ataques consecutivos con mi espada enorme y corté su brazo derecho. Giré mi cuerpo y clavé mi cuchillo contra su hombro. Había apuntado a su pecho, pero fallé cuando este flotó y se alejó unos centímetros.

De pronto él cambió su patrón de ataque y se volvió mucho más ágil. Usando sus alas como armas para derribarme y golpearme mientras el martillo balanceaba una y otra vez con cada movimiento.

Logró darme dos veces y sentí que mi cuerpo estallaba por dentro. La sangre se escapó de mi boca y llenó mi paladar de un sabor amargo.

Eso era morir, y yo estaba dispuesto a vivirlo. No podía ver a mi alrededor, solo al ángel. Si mi vista se dirigía a otro lugar tan solo un segundo significaba mi muerte. Pero imaginé que Mena, Amy y Miry debían hallarse lejos de allí.

Cambie mi espada a mi mano izquierda y el cuchillo a la derecha. ¿Por qué razón? Por un par. La primera era la más simple y real. Soy un idiota. La segunda es que pensé en algo por una fracción de segundo “si voy a morir, mejor que sea atacándole hasta el final. De ser posible, lo llevaré conmigo a la muerte”

Grité con todas mis fuerzas y lancé al ataque mientras mi enemigo desapareció y reapareció a mi lado. Bloqueé con la espada en la izquierda y giré mi cuerpo hacia él para clavar mi cuchillo en su abdomen, lo saqué de allí y repetí en el otro lado. Desapareció y atacó girando su cuerpo junto a su martillo, bloqueé unas cuatro veces y me apresuré a cortar su pecho con un abanico repentino. Notaba como la herida en su hombro se hallaba cerrada.

—¡Más rápido! —Murmuré deteniendo su martillo unas tres veces más —¡más rápido! —salté girando sobre mi cuerpo para cortar el costado izquierdo del ángel, a la altura de sus costillas.

Por alguna tonta razón recordé el rostro de Vert con su tonta sonrisa antes de morir y sus palabras “protegelas” y grité desde adentro. Grité en dirección de mi enemigo con una ira dentro de mí —voy a vivir, vamos a vivir todos. ¡voy a regresar vivo de aquí!

Abanico su arma dirigiéndose a mis pies. Salté por instinto y en el giro dirigí mi espada contra su rostro. El corte se produjo a la altura de su nariz y la sangre brotó de un lado a otro llenándome.

Él giró y esquivé sus alas, pero el martillo me golpeó nuevamente y lanzó por los aires. Yo giré y caí sobre mis pies y detuve el retroceso —¡Más rápido!

Vi su cuerpo abalanzarse sobre mi girando. Primero detuve su arma por mi derecha y al segundo siguiente en mi izquierda. Luego desde arriba e inclinada y… me abalancé y realicé un corte largo en su cuello.

Noté su mirada de incredulidad. No hablaba, pero era expresivo.

Esquivé, detuve y ataqué los siguientes treinta y cinco golpes en un lapso de diez segundos. Corté cuanto pude, como un loco maniático asesino.

El ángel atacó con sus dos manos sobre mí. Yo giré mi cuerpo para que mi espada apoyada en la espalda recibiera el ataque mientras clavé el cuchillo en su pecho hasta el fondo y giré mi muñeca para hacer el mayor daño.

De pronto acabó. Él cayó de rodillas frente a mi cuerpo y luego de desplomó en el suelo. Yo por mi parte sentí de pronto el peso del martillo, de las heridas en mi cuerpo. El dolor, el cansancio. Mi cuerpo fue un breve estallido de sensaciones dolorosas que recorrieron toda mi consciencia. Me dejé caer hacía atrás contra el suelo. Mi armadura estaba destruida y mi ropa rasgada. Sangraba de tantos lugares que ni podía contarlos. Increíblemente mi mente se hallaba en otro lugar. En la mirada seria de Mena, en la sonrisa cálida de Amy y sus abrazos, y en la mirada de Miry y cada una de sus palabras.

Cerré los ojos, listo para partir del mundo de los vivos. 

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