10. CICLOPE

Desperté en la madrugada y tardé en conciliar el sueño nuevamente. Miry se había mudado a mi cama y se hallaba desnuda bajo las sábanas. Ya era usual así que no me extrañó en lo absoluto.

Me levanté temprano y ayudé a Vermont y Melanie a limpiar el local. No me extrañó el primer comentario que realizó el hombre.

—Van y Stella estuvieron la noche anterior aquí. Vinieron para invitar al gremio fenrir a unirse en la batalla contra el jefe del nivel treinta que se llevará a cabo en una semana y media —Vermont se dirigió a la barra y regresó con un papel. La carta estaba escrita por el puño de Camus y firmada en la parte inferior —El lugar estuvo muy lleno, tuve que decirles que ustedes no estaban, que se hallaban en el abyss por debajo del piso diez.

—Stella es toda una dama, de modales pulcros y refinados —Señaló Melanie antes de continuar con su tarea —En cambio ese Van es todo… — su cuerpo se erizó y yo no pude contener la risa.

—¿Qué harás muchacho?

—No creo que tengamos oportunidad contra el jefe del nivel treinta Vermont, seremos inútiles. Me suena más a una excusa para poder observarnos y hacer un pequeño duelo.

—Sí, tampoco me dio buen presentimiento la carta. Ustedes no son un gremio tan fuerte para ser invitados al frente de batalla.

—Pero si han subido muy rápido. La señorita Stella me comentó que a ella le llevó todo un año poder llegar al piso once.

—Eso sí que es innegable, el gremio fenrir es el más dedicado que conozco. Nunca he visto a nadie entrar tan constantemente al abyss. Siquiera a los que están necesitados de dinero. Estos chicos son únicos en ese sentido —Contestó Vermont a las palabras de Melanie. Luego se acercó a mí —. Queda de tu parte decidir que harás. Esas chicas te siguen adonde vayas, pero no arriesgues a Amy. Mi esposa y yo la queremos mucho.

—Lo sé Vermont. Rechazaré la oferta. Ya de por si debemos llegar al piso veinte y presiento no será un camino fácil —contesté subiendo las sillas por donde Melanie pasaba la escoba.

Ese día y el siguiente no descenderíamos y nos limitaríamos a entrenar físicamente y descansar lo suficiente para realizar la siguiente travesía y recolectar lo necesario en los niveles inferiores.

El principal problema de haber recolectado tan deprisa los huesos de goblins, esqueletos, el veneno y las pieles de kobold. Radicaba en que ahora nos faltaban esencialmente los fenrir, beartroll y bulette. Y los beartroll no aparecían sino hasta el piso veinticuatro en adelante y los bulette hasta el piso veintisiete.

Teníamos mes y medio para descender hasta donde estaba el grupo de la vanguardia y derrotar varias veces a los jefes de piso diez y veinte. Afortunadamente había conseguido comprar los mapas y cierta información sobre las cuevas más vacías y los descensos más sencillos y tranquilos a los pisos inferiores.

Las chicas despertaron unas tres horas más tarde y Miry reclamó debíamos de entrenar de inmediato. Así que salimos a correr.

Al regresar la posada estaba inusualmente llena para ser horas del mediodía. El motivo eran las noticias provenientes de Selyntos. Los aventureros de Selyntos, encabezados por los cuatro recientes ascendidos a nivel siete, habían logrado derrotar al jefe del piso treinta y abrir las puertas del piso treinta y uno. Aquello era impresionante y una noticia por sí misma. El detalle radicó al haber abierto las puertas del nivel treinta y uno. La cantidad de monstruos que salieron del lugar barrió con gran cantidad de aventureros y debieron desalojar el abyss al menos hasta el piso diez. Donde lograron trancar las puertas y se resguardan combatiendo por turnos todos los gremios porque la cantidad de criaturas es inimaginable.

—Lo mismo sucedió hace unos setenta años, cuando lograron abrir el piso veinte. Salieron criaturas que estaba reproduciéndose y multiplicándose allí por quien sabe cuánto tiempo. Y salieron a la superficie y fue todo un desastre —comentó un viejo pidiendo otro tanto de cerveza para su mesa.

Aquello significaba que las siguientes en abrir el piso treinta debían ser Adrem o Utghardie. Adrem era la capital de los aventureros. La ciudad más poderosa y donde los aventureros eran más fuertes. De allí provenían la mayoría de las magias que se hallaban en las tiendas. Utghardie era mucho más pequeña, pero tenía tres aventureros con nivel siete. Lo cual sugería seriamos los siguientes.

El detalle eran las cifras. En Adrem se decía que vivían y luchaban unos diez mil aventureros. Selyntos era el hogar de unos seis mil, mientras que Utghardie apenas podría llegar a novecientos, y muchos de ellos entraban una vez a la semana y avanzaban poco pues lo hacían sobre todo para ganar el dinero suficiente para vivir.

No me imaginaba como podríamos nosotros contener un mar de criaturas, cuando en batalla constante calculaba hubiera apenas unos trescientos involucrados. Supuse los de gremios superiores como Marbhi y los caballeros oscuros estarían pensando aquel inconveniente también.

Allí estaba yo, conversando sobre el asunto cuando sentí una mano pesada en mi espalda. Camus el jefe de los caballeros oscuros y gran parte de su gremio se hallaba a mis espaldas llamando.

—Eres Allan Fenrir.

—Camus —respondí algo atragantado. Había bebido cerveza de miel que me brindó el idiota de Abert mientras este le coqueteaba a Melanie. Me impresioné al ver como Miry y Amy se paraban a mi lado, una con la daga de fuego afuera y la otra con su bastón blanco al frente preparadas para luchar. Pensé eran las únicas locas, hasta que vi a Mena desde la barra tensando su arco en dirección al hombre.

—No pensé habría tanta hostilidad —Camus habló tranquilo a pesar de las amenazas —Necesitamos a la mayor cantidad de guerreros posibles para entrar al abyss Allan.

—Tu gremio atacó al mío hace unos días —contesté.

—Un error de mis súbditos debo confesar. Ya fueron castigados los responsables, aunque tú les hiciste frente adecuadamente tengo entendido —añadió. Entonces noté a Tariel detrás de él y a otras personas que logré reconocer. Van saludaba a Melanie por entre los demás y esta volteaba el rostro y Abert se mostraba abiertamente celoso.

Stella se hallaba de pie imponente con la frente en alto. Entre los hombres que iban atrás reconocí a Ment y a Colbert. El chico fornido que apareció junto a mí en el faro un par de meses atrás y que se unió ese mismo día a un grupo de aventureros.

—No entiendo tus razones Camus, mi gremio es pequeño. Dos somos rucks y no somos un grupo fuerte.

—Pero he escuchado son especialistas en eliminar y controlar grandes cantidades de criaturas.

Quedé en silencio un instante. Confiaba en Ciel, ella no habría dicho nada de información, pero Riley sí. Podría haber comentado con sus compañeros y estos haber difundido la información.

—¿Por eso viniste con toda esta guardia?

—El jefe del piso treinta es fuerte y tiene múltiples ataques, pero uno de los principales inconvenientes es la cantidad de criaturas que llama a luchar junto a él. Necesitamos a los mejores, y si hay alguien capaz de eliminar grandes cantidades de monstruos. Pues entonces hay que priorizarles.

—El problema es que actualmente nosotros estamos con una misión de Selyntos —expresé de la manera más cordial y neutra que pude articular. Escuché los murmullos a mi alrededor.

—Eso me comentaron, estamos dispuestos a prestarte cualquier ayuda a cambio de que participen tú y tu gremio con nosotros dentro de seis días en la batalla contra el jefe de piso.

Cavilé un instante y Miry a mi lado me observó, noté lo que decía su mirada “¿En serio vas a aceptar?”. El detalle es que yo me hallaba frente a Camus y comprendía muy bien la situación. No había salida alguna de aquello. No que fuese viable y no implicase huir de la ciudad o luchar contra él.

—Vamos a recolectar piezas en los pisos inferiores y necesitamos quien mate constantemente a los jefes del piso diez y veinte para que nuestro recolector pueda llevar los materiales a la muralla.

—Podemos dejar a un grupo de unos ocho o nueve para que hagan ese trabajo hasta que estemos listos dentro de seis días. Cualquier otra ayuda.

—Eso sería todo.

—¿Podemos contar con ustedes?

—¿Hay opción a una negativa? —sonreí con algo de malicia.

—No, no la hay —Camus me devolvió el gesto retirándose del lugar. Tariel me saludó con la mano antes de marcharse junto a su nuevo equipo.

—¿Enfrentaremos al jefe del piso treinta? —Amy tenía los ojos como pelotas.

—No, tu no irás contra el jefe del piso treinta, es demasiado peligroso.

—¿Qué? ¿Por qué? Soy una miembro del grupo también.

—¿Por qué aceptaste Allan? Miry estaba lista para luchar.

—Hiciste lo más prudente —apareció Mena por detrás —No se iban a ir sin que aceptaras y necesitamos una vía para llevar las cosas hasta la muralla.

—Pero el jefe de piso es peligroso para Amy —respondió Miry al tiempo que yo me sentaba en la mesa y los murmullos y discusiones dentro de la posada se reanudaban con mayor fuerza.

—Si estamos en situación de peligro podemos retirarnos, al menos será más sencillo que pelear con ellos ahora. Además, nos pidieron como apoyo, no estaremos en la primera fila contra el jefe —contestó Mena.

—Yo quiero ir, no es justo.

—No hay mucho que hacer —expliqué —. Incluso si no luchamos contra el jefe y sale esa cantidad de criaturas que salió en Selyntos. Tendremos problemas y habrá que luchar de pronto con seres de los pisos inferiores.

—Hay muchos gremios que acudirán ese día —intervino Abert —el gremio del poder, la armadura azul, la orden, felian.

—Miry quería golpear a esos tipos —repuso ella sentándose.

—Tendremos que calmarnos y entrar mañana al abyss, no podremos tomarnos otro día. Hay que llegar al piso diez y matar al jefe dos veces y movernos hasta el piso diecinueve lo más rápido posible y ver cómo nos desenvolvemos. Si estamos bien entraremos al jefe del veinte. Si notamos es peligroso nos regresamos.

—Yo quiero ir.

—Bueno, si es peligroso Miry podrá luchar como quiera y patear traseros.

El resto del día la pasé inquieto y compré en una tienda de magia más gemas de cura y repelentes. Prefería gastar en ello y no necesitarlos. La ansiedad me ganó y el día siguiente me tomó por sorpresa. Había soñado nuevamente con mi hermana mirándome a los ojos.

Miry estaba levantada con apenas un short corto. La primera visión despertó en mí todo mi sentido de masculinidad y decidí levantarme con la espada erguida y lista para el ataque debajo de mi ropa interior.

Mi compañera no reaccionó de ningún modo ante aquello y se colocó la ropa dejándome con una sensación de desconsuelo. Era extraño dormir así con ella de una manera tan sensual y no tener ningún tipo de contacto real.

Desvanecí aquello de mis pensamientos y preparé para el día. Tomé las dos espadas enormes de batalla que tenía. Mi cuchillo, las gemas, los repelentes y las monedas adquiridas. Si alguna situación se presentaba estaba dispuesto a comprar lo que fuese necesario para que todo saliera de manera adecuada.

Amy y Mena se hallaban listas y expectantes a las afueras de la posada con algo de chocolate. Le compré todo el que tenía a Vermont pensando en las necesidades y de allí nos encaminamos a la muralla.

Ciel estaba agradecida de vernos.

—Bendito sea Numer y Yisha, estaba rezando por verles. Tuvimos que enviar la primera parte del pedido. Selyntos está en problemas y llegaron muchos aventureros de Adrem para solventar la situación. Necesitan los materiales cuanto antes, esto es un caos de verdad.

—Tranquila ¿Aún tenemos el lapso de entrega?

—Claro, un contrato por materialestiene cierto tiempo y eso siempre se debe respetar. Pero han ofrecido un pagoextra si se entrega lo más pronto posible.     

—Suena como trabajo pendiente para nosotros —Mena se adelantó en el camino.

—Miry también quiere pelear, no te adelantes.

—Descuidé señora Ciel, el chocolate las ha enloquecido —dijo Amy y yo solté una carcajada. Amy buscaba de encajar en la dinámica y locura de nuestro gremio y las otras dos mayores.

Tomó cuatro horas llegar hasta el piso diez, quince minutos luchar contra Nalfesnee y tres horas y media tomar los materiales. Subimos al nivel ocho y esperamos las siguientes tres horas y derrotamos al demonio nuevamente antes de bajar al nivel once y comenzar a avanzar lentamente.

No eran especialmente difíciles los esqueletos, los kobolds o los beartroll. Sus números eran el asunto serio. Aquellos pisos no eran tan frecuentados como los superiores y tardamos unas seis horas en llegar al piso quince. Conseguimos una cueva y activamos el repelente de inmediato.

Armamos las tiendas y nos dispusimos a descansar. Había dos repelentes a fin de tomar toda la noche de descanso. Amy estaba muy agotada por activar un par de veces la magia de regeneración y todos sabíamos que lo peor sería el día de mañana en el piso veinte. Había cierta tensión entre nosotros. Lo sentíamos y palpábamos en el aire. Estaríamos frente al jefe del piso veinte y luego al del treinta. Riley acababa de marchar con otro paquete de materiales sin mayor problema.

—¿Sabes que monstruo mató al papá de Miry? —Estaba más tranquila que de costumbre, acariciaba al Urf mirando el techo de la cueva como si fuese un cielo lleno de estrellas.

—No sé. Nunca me contaste.

—Era un beartroll. Hoy maté unos treinta de esos.

—Eres fuerte Miry, los beartroll no son enemigos para ti.

—¿Soy fuerte verdad? Supongo papá no lo era. Quizás entrar al abyss no fue una buena idea.

—Tu empeño de entrar al abyss me dejó conocerte y compartir contigo —contesté.

Tardó un rato en contestarme —Tienes razón y eres el esposo más lindo que conozco.

—¿Soy el esposo más lindo? ¿Cuántos esposos conoces?

—Creo que Miry no conoce muchos esposos —concedió con una sonrisa —Aunque no notes que Miry está sin ropa en las noches.

—Yo… —Abrí la boca frio y sorprendido. Había situaciones en que Miry no era de tomar en serio, y por un momento pensé esa era una de aquellas. Luego comprendí que estaba en un tono serio y su mirada reflejaba no estaba para bromas. Tartamudeé y la miré dudoso —. Yo… si lo noté Miry, pero no sé qué esperabas de ello. Tienes ideas distintas a las que yo tengo. Yo… —dudé —te habría besado de a cuerpo entero.

—¿Qué? Eso no se puede hacer con una esposa tan rápido, para cosas así hay que esperar al menos un año, Miry lo sabe.

—Ves, no pensamos igual. No sé en qué piensas cuando dices que soy tu esposo. Siquiera sé cuándo me convertí en tu esposo.

—¿No quieres? Pensé que Miry estaba haciendo lo correcto.

—Si quiero, me encanta.

—¿Entonces?

—No sé qué esperas de un esposo.

—Pues un esposo le dice a su esposa cuan bonita es, Miry lo sabe.

—Eres la más hermosa Miry, no necesitas que yo te lo diga —ella sonrió y miró el techo con una sonrisa. Era increíble, ella tergiversaba y enredaba todas las ideas. Sin embargo, era la persona en quien más confiaba y la más bella que conocía. Era imposible no observarla y quererla.

—Tú eres un buen esposo —continuó sonriendo acariciando al Urf hasta quedarse dormida mirando el techo de la cueva —por cierto, creo que Amy cuando crezca también quiere ser esposa tuya.

—¿Qué? —Miry cerró los ojos y dejó con una duda enorme e ideas locas en la cabeza. Obviamente ella no entendía nada acerca de las relaciones. Lo mejor que podía hacer era relajar mi cabeza y no preocuparme por sus locuras. Amy era bastante pequeña y lo más peligroso a la vista era el jefe del piso veinte.

Luego me reí mucho por toda aquella conversación y comprendí mucho mejor todo. Miry confundía los conceptos de querer, con el concepto de ser esposos. Entonces caí en cuenta que eso significaba que yo le gustaba. Sentí un arrebato de felicidad que me hizo levantarme y alzar mi puño, lanzar golpes al aire y sonreír estúpidamente durante largo rato antes de sentarme a cuidarlas.

Desperté sorprendido por no saber cuándo quedé dormido. Amy estaba recostada sobre mis piernas y Miry contra mi costado. Mena estaba despierta preparando salchichas para comer con pan y huevo.

Desayunamos y recogimos la tienda para avanzar en nuestra travesía. Los pisos siguientes no estaban tan bien iluminados como los primeros y avanzábamos más lento. Sobre todo, por los boggart que gustaban de preparar trampas con flecheros.

El piso dieciséis se hallaba limpio de criaturas, los responsables eran un grupo de aventureros. Descendimos casi de inmediato al diecisiete. En este encontramos poca resistencia y una cueva adecuada para poner en efecto la habilidad atracción de Amy y probarnos a nosotros mismos.

Nos asustamos un poco cuando siete beartrolls se abrieron camino al mismo tiempo. Miry parecía tener cierta afinidad por eliminarles. Yo comprendí un poco sus pensamientos y al terminar no dudé en decirle —eres tan fuerte como hermosa —sus orejas se movieron de un lado a otro en respuesta mientras ocultaba su sonrisa.

Mena estaba demostrando no solo su fuerza sino su destreza con cada flecha. Comenzaba a ser tan certera que yo dejaba de preocuparme por el enemigo que ella fijaba con la mirada en ese mismo instante y seguía al siguiente. Pensé al principio sentía cierto odio en especial por los goblins después de la muerte de Vert. La realidad es que incluso por debajo del piso diez, donde estos no se hallaban, seguía siendo igual o más certera que antes.

Nos tomó otras nueve horas llegar al piso diecinueve, sobre todo porque nos deteníamos a recolectar todo lo que podíamos, y que Riley nos indicaba era material de venta. Lo enviábamos y descendíamos un poco más para activar nuevamente el poder de Amy y sacar el mayor provecho posible al descenso.

—¿Son ustedes?

—¿Qué? ¿Mataron a la mitad de su gremio? —preguntó uno de los hombres que nos esperaban en la entrada del piso veinte. Eran ocho en total, armados y con armaduras oscuras.

—No, los demás se debieron quedar luchando y dejaron ir a los niños y chicas —comentó otro. En su grupo solo había dos mujeres y ninguna de ellas hablaba.

—Pues yo veo que dejaron ocho de ustedes para hacer lo que un grupo de cuatro niños hace— comenté en modo mordaz.

—Solo por órdenes de Camus niño, solo estamos aquí por órdenes de Camus. No juegues con nosotros.

—Da risa que piensen pueden derrotar al jefe del piso veinte solo con cuatro. Es demasiado fuerte y resistente. Entrarán y a los cuarenta minutos los veré intentando salir escapando del jefe a toda carrera.

Mena y Miry me detuvieron de responder. Estaba irritado y con ganas de golpear algunos rostros. Los caballeros oscuros no eran de mi agrado.

En la superficie no debía de ser todavía de noche cuando decidimos acampar nuevamente y descansar antes de entrar al jefe del piso veinte. También estábamos un poco tranquilos, pues los ocho miembros del gremio de los caballeros oscuros ascendieron junto a Riley para llevar las cosas a salvo. Los repelentes eran efectivos y ya de por si casi ningún monstruo se acercaba a las puertas de aquel lugar.

El frio era terrible y terminamos durmiendo todos juntos, unos sobre otros. Aunque Miry reservó su vientre para mi cabeza, aquello fue bastante agradable y tierno.

Despertamos con la llegada del grupo de aventureros, estos esperarían por nosotros para poder seguir acompañando a Riley luego de vencer al jefe de piso. También nos ofrecieron ayuda para acabarlo, pero nosotros deseábamos probar cuan fuerte éramos. Por lo tanto, negamos la ayuda y abrimos las puertas del piso veinte, cada uno con al menos tres gemas de cura en el bolsillo y otras cuantas en un bolso que llevaba Mena.

—Los esperaremos aquí afuera, los veré en cuarenta minutos pidiendo ayuda.

La cámara del jefe era distinta a la anterior, menos profunda pero mucho más limpia e iluminada. Amplia y alargada en extremo. Comprendí que se debía extender por cientos de metros de distancia.

En la primera de ella asesinamos a un par de boggart y continuamos el camino. Encontramos al Ciclope en la siguiente cámara. Medía unos tres metros de alto y portaba un mazo de madera y armadura metálica. Se hallaba calmo y su expresión indicaba que no sentía hallarse bajo amenaza.

La razón para hallarse tan tranquilo era simple, unos treinta fenrir le rodeaban y se lanzaron al ataque al instante. Cuatro, siete flechas. Mientras Miry y yo corríamos eliminando a cuantos podíamos

Eran demasiados y fue notable de inmediato.

Mena tomó a Amy del brazo y la lanzó a un extremo mientras se abalanzó a los fenrir. Lanzó un par de flechas y sacó una daga de su tobillo esperando que atacasen.

—Ads atracción —Amy gritó y los fenrir quitaron su atención de Mena y salieron en dirección a la pequeña al instante. Esta activó la regeneración sobre sí misma y se agachó para esperar las fauces contra su carne. No llegaron.

Miry lanzó sus dos dagas a dos fenrir mientras que Mena disparó dos flechas. Yo… ¿He mencionado que no soy el más inteligente en momentos de apuros? ¿o que soy un idiota? El punto es que la única forma que hallé de proteger a Amy fue correr e interponer mi espalda mientras clavé una espada en un fenrir.

Amy alzó la mirada, me vio con un fenrir mordiendo mi abdomen con sus largos colmillos mientras la sangre brotaba. Me hallaba de pie con la criatura apretando mi cuerpo. Mena lanzó otras dos flechas y yo caí junto con el cuerpo del animal.

—¡Cura! —Miry se recostó frente a mí y observé sus lágrimas enormes.

—El ciclope —tartamudee sintiendo el sabor de la sangre en mi boca. Sentí sus pisadas a mi espalda y el efecto de curación de la gema y el aura regenerativa que Amy aplicó sobre mí.

—¿Qué es eso? —Mena gritaba mientras Miry atacaba. Giré mi rostro para ver como Miry lanzaba sus ataques contra el Ciclope. Ninguno impactó en su cuerpo. Cada corte y golpe chocó contra un escudo invisible con destellos azulados que rodeaba su cuerpo en todas direcciones.

Me levanté. La herida se cerraba deprisa dejándome como nuevo.

—Nada lo penetra —Mena dejó de lanzar flechas cuando estas se detenían sin llegar a su objetivo.

—Vienen más fenrir —comenté al verlos acercarse desde el fondo de la cámara y Mena asintió para encargarse.

Entonces observé detalladamente, el jefe daba un paso adelante y lanzaba su mazo, el cual era bastante lento pero enorme. Luego juntó ambas piernas al mismo nivel y todo a su alrededor brillo momentáneamente y volvió a atacar.

—¡Es magia! ¡O una habilidad! —gritó Miry apartándose para atacar de nuevo a los fenrir.

Me moví de donde estaba y ataqué, pero no a los fenrir de los cuales Miry se encargaba. Me fui directo al Ciclope y estrellé mi espada contra el escudo y pude ver los movimientos de su cuerpo detalladamente. La posición de sus piernas y como tensaba el cuerpo antes de atacar nuevamente.

—¡Valor! —Amy lo gritó pues ninguno estaba viendo el suelo y las áreas moradas se dibujaron.

Ataqué con la gran espada de batalla y sentí el choque contra el escudo y luego giré para penetrar con mi cuchillo. Pasó directo hasta su pierna mientras bloquee su ataque con mi espada en la espalda.

Miry siguió con los fenrir mientras yo luchaba contra el jefe del piso. El valor de Amy se hallaba en mis pies otorgándome algo más de velocidad y fuerza. El gigante de un ojo batía su mazo de madera, y, al notar que mi arma enorme rompía su escudo buscaba de dar un paso atrás para posicionarse, reanudándolo tensionando sus músculos.

Primero rasgué sus piernas unas treinta veces, entendí la risa de los aventureros. La dificultad del ciclope radicaba en su escudo y la resistencia.

Luego de treinta cortes no daba señales de cansancio o disminuir sus ataques. Yo en cambio estaba agotado por mantener el ritmo con “prisa” durante diez minutos.

—Cambia conmigo —Miry aprendió la secuencia de ataque y me suplantó mientras yo recuperaba el aliento.

—Vienen más fenrir —apuntó Amy mientras activó la magia valor en Miry. 

—Tenemos que acabar con esto —No descansé y lancé contra el Ciclope — Mena encárgate de los fenrir.

—Estaba aquí parada sin hacer nada esperando que lo dijeras Allan ¿Qué crees que hago? —gritó.

Aproveché que Miry cortó su escudo con la daga de fuego y ataqué su abdomen con mi espada. La abertura en su barriga fue grande, después de aquello se resintió observando su herida.

—¡Los fenrir! —Miry quedó atacando al Ciclope y yo a las bestias cuatro patas. Así duramos otros quince minutos hasta que el Ciclope cayó al suelo, víctima de la cantidad de heridas.

Fue una batalla dura y terminamos ganando, pero dañando seriamente la piel del cíclope. Era obvio debíamos mejorar y centrar más nuestros ataques en zonas del cuello, tobillo y muñecas. Probablemente nuestro mayor percance se debía a la desesperación e inexperiencia. Nos asustamos demasiado cuando los fenrir se dirigieron a atacar a Amy.

No pudimos recolectar nada del Ciclope excepto su gema.

El Urf se hallaba escondido entre la ropa de Amy y esta se revolcó por el suelo intentando sacarlo.

—Eso fue intenso —Mena se lanzó al suelo. Noté que tenía raspaduras en las rodillas por hallarse arrodillada.

Invitamos a Riley a pasar a la cámara y recolectar los huesos de fenrir. El equipo de aventureros pertenecientes a los caballeros oscuros no dijo palabra alguna. Aún más porque lo derrotamos en treinta y cinco minutos de una fuerte lucha.

—¡Miry casi se queda sin esposo! —chilló esta y yo sentí un fuerte codazo por parte de Mena en mi estómago.

Sin poder tomar la piel del ciclope, quedamos con unas cinco horas libres hasta que se regenerase. Por lo tanto, descansamos un poco en dicha cámara y luego avanzamos al piso veintiuno a pelear un poco.

No estábamos del mejor humor posible. Principalmente por haber fallado en una obtención de materiales y haber pasado tantos contratiempos en la lucha. Nosotros habíamos avanzado muy rápido en los pisos intermedios y nos sentíamos potentes y poderosos. El Ciclope fue un bajón enorme en la autoestima.

Luego de una hora de batalla contra morlocks. Unos seres de cuerpo grisáceo, ojos enormes y brazos más largos que sus cuerpos que terminaban en garras de varios centímetros. Decidimos debíamos sentarnos y repasar lo sucedido en la batalla contra el cíclope y armar una buena estrategia contra los fenrir y la protección del jefe.

Repasamos nuestras estadísticas mientras exponíamos que la llama de Miry podría ser de ayuda contra los fenrir. Cuando observé algo que me dejó perplejo y con una sonrisa enorme en la boca. Había aprendido la habilidad “protección 1”

Grité y como un niño salí a probar si podía activarla en un uno a uno contra un par de morlocks. Dos cortes después regresé para ser sanado por Amy y comprender que debía analizar mejor aquella habilidad nueva. Recordaba los movimientos del jefe de piso, más al repetirlos ningún escudo se activó. Debía hallar como se comportaba esta nueva habilidad en mí.

Comimos un poco y continuamos cazando: morlocks, fenrir, esqueletos campeones (diferentes de otros por usar espadas más grandes y escudos) y dos beartrolls. Recolectamos un poco y esperamos a que el siguiente ciclope apareciera en la cámara con nuestros cuerpos al máximo.

Tardó un poco más de lo esperado, pero asomó su cuerpo por la puerta de la cuarta cámara del piso y se dirigió a nosotros lanzando a su jauría por delante. Miry y Mena iniciaron sus ataques a distancia con llamas y flechas mientras yo me lancé a por el grandote.

Mi espada debía de ser para bloquear golpes de la porra y cortar su escudo. Mientras mi cuchillo debía enterrarse en el cuello de aquel ser.

Tardamos unos cuarenta y tantos minutos, pero la segunda vez logramos derrotarlo sin dañar ni un centímetro de su piel en la espalda o pecho. Solo sus piernas, brazos y cuello se hallaban perforados.

Cuando llegó el equipo de caballeros oscuros junto a Riley. Nosotros habíamos tomado la piel, recolectado la gema y terminábamos con los huesos de fenrir.

Regresamos juntos a la superficie. El equipo se mostró mucho más amigable. Leo era un hombre de casi cuarenta años que entraba dos veces al mes al abyss pero solía cazar en los pisos superiores, por lo cual ganaba suficiente para su familia. Chary era una mujer de treinta que acababa de montar una tienda de comida y abandonaría el abyss. Puler era un chico de veinte que intentó coquetear con Miry y esta se burló de él. Luego lo intentó con Mena y esta le dio un golpe tan fuerte en el rostro que le dejó sangrando el resto del camino a la superficie. Conversamos y quedamos de descansar durante todo un día y entrar nuevamente para quedarnos hasta el descenso del piso treinta. Quedaban tres días para ello.

Comimos y dormimos, nos levantamos, compramos gemas, entrenamos y realizamos nuestro ritual del fuego para subir un poco las estadísticas de las chicas. Luego, me quise dirigir al bosque a las afueras de la ciudad.

Amy, Miry y Mena se empeñaron en ir también. No tardamos casi nada en llegar el lugar que deseaba. De Vert quedaban un par de ropas raídas y huesos regados por el suelo de tierra.

Cavé un agujero y enterramos sus restos. Mena dijo algunas palabras y nos sentamos alrededor del tumulto.

Nos atacaron un par de goblins. Mena les eliminó con sus flechas y luego se lanzó al suelo a llorar. Yo no supe en qué momento dejé mi ropa impregnada con mis lágrimas. Luego regresamos y pasamos por la tumba de la madre de Amy. Era pequeña con apenas un madero y su nombre tallado.

La pequeña me abrazó tan fuerte que pensé me rompería los huesos y dejaría escapar ese dolor que yo también sentía.

Era extraño hacer todo aquello, pero sentí era lo justo y adecuado. Luego regresamos donde Vermont.

—Miry preparará la comida.

—Yo también quiero —gritó Amy alzando los brazos.

—Yo me aseguraré de que no destruyan la cocina de la señora Katie.

Una hora después Miry y Amy se hallaban cubiertas de harina de la cabeza a los pies. Fue Mena quien preparó la comida que podía ser digerida y no era morada.

Nos levantamos excepcionalmente tarde y yo acaricie la cabellera y orejas de Miry para que se levantara. Ya había aprendido que era su “esposo” pero aquello no implicaba nada de sexo. Miry dos semanas atrás me pateó de la cama y lanzó contra una pared cuando en medio del sueño toqué uno de sus senos.

Yo habría recibido el castigo feliz si recordara la sensación o lo hubiera hecho consciente.

—¿Dónde están los otros caballeros oscuros? —preguntó Amy al ver que solo nos esperaban los ocho de la otra ocasión en la muralla rumbo al abyss.

—Tiene su campamento armado en el piso veintisiete, esperan que nos unamos a ellos mañana, así que debemos ayudarles a recolectar cuanto puedan —contestó Leo.

—Yo ganaré algo de dinero mientras tanto. Quiero darle un regalo a mi hija. Me ha estado pidiendo uno de esos Urfs.

—No está mal que gastes en algo más que en cerveza.

—No jodas que a ti Tariel te tiene pagándole hasta la forma de caminar. Tendrás que trabajar en el abyss mil años para pagar el haberle tocado el culo.

—Y valió la pena amigo —comentó uno llamado Cristan.

Descendimos de inmediato.

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