1. BIENVENIDO AL JUEGO

“Mientras la luna guía y el sol calienta, el ser humano enfrenta lo que Abyss envía”

Desperté sobresaltado, nunca he sido amante de la oscuridad. No digo que sienta miedo, pero tampoco me quedaría en ella por media hora bajo mi propia voluntad. 

—¿Dónde estoy? —la voz de una chica llegó a hasta mis oídos por la izquierda. Por instinto palpé todo mi cuerpo, percatándome de no estar solo.

—¡Me han tocado! —la voz de otra chica en la oscuridad total. Me aparté por pudor, de inmediato comprendí que aquello debió de ser su trasero, era suave y tibio. La sensación quedó en mi mano un segundo.

—No es donde estás, en dónde estamos —señaló la voz de un chico. 

Me detuve un instante intentando pensar, no recordaba nada, apenas mi nombre, edad y la figura de mi hermana mayor Daniela venían a mi memoria. Del resto nada, un blanco tan absoluto que resultaba confuso y atormentante. No había figura de mi madre o de mi padre. No sabía cómo llegué a ese lugar oscuro, que hora del día era, ni en qué año me encontraba. Nada. Al instante el terror se apoderó de mí. 

No podría explicar lo profundo y opresor que es el despertar sin memoria. Tu mente entra en colapso y buscas desesperadamente recuerdos de lo que sea existente. No lo encuentras y entras en crisis. Para mí fue igual, temí casi al instante, recordaba tan poco… solo Daniela se hallaba allí dentro de mi cabeza, o al menos su rostro. De hecho, tampoco podía visualizarla en algún lugar en especial. Si en aquel instante me hubiesen dicho que acababa de nacer, o que era el fruto de un experimento y apenas tenía horas de existir. Lo habría creído con total certeza. 

—¿Quiénes son ustedes? 

A mi alrededor había varias personas, la mayoría gritaba haciendo preguntas de toda clase. Por lo visto todos estábamos en la misma situación. Perdidos y sin recuerdos. 

El suelo era duro y sentí los zapatos en mis pies, me agaché y palpé la roca fría. Era extraño armar pistas de tal forma. Comencé a prestar atención a mi alrededor y percaté de la cantidad de voces. Al menos unas cinco chicas y siete chicos se dejaban escuchar. Pero también había la posibilidad de que hubiese quienes estuviesen en silencio, como yo. 

Retrocedí temiendo un poco por mi existencia y tropecé con alguien. La persona cayó al suelo al igual que yo. Mis ojos lograron entrever la figura de una chica de largo cabello que sujetaba un cuchillo en su mano. Retrocedí con mayor ahínco a gatas por la estancia. Ella no emitió ningún sonido, y, entonces vino a mí el pensamiento de que éramos presas de una chica que deseaba matarnos. 

Sentí la pared contra mi espalda y no pude ver más de aquella chica. Entonces se escuchó un fuerte ruido y la voz de un joven quejarse de dolor. 

—¿Dónde estamos? —un chico se hallaba muy cerca de mí. Temí responder, pero pasados unos segundos donde nada parecía cambiar ni suceder decidí hablar. 

—No sé. No recuerdo nada. 

—Yo tampoco, ya llevo aquí unos veinte minutos ¿Por qué no puedo ver nada?

—No tengo idea. Deberíamos guardar silencio y ver qué sucede —expresé. La verdad quedé más preocupado cuando le escuché decir que él tampoco recordaba nada. Un miedo me embargó y quise huir de aquel lugar, pero en total oscuridad resultaba imposible, solo podía acurrucarme más contra la pared que también era de piedra. 

—Me llamo Dim ¿Dim? —le escuché cavilar en la oscuridad— Dim, Dim, Dim… Dimch. Me llamo Dimch. 

—Soy Ian— mentí. Recordaba muy bien mi nombre Allan, pero estaba en la oscuridad total y la desconfianza ganó.

“Abyss provee”

Escuché aquellas palabras suaves y dulces como la voz de una madre, delicadas, como si fuesen un susurro en mi oreja. Temblé levantándome de un salto, miré en todas direcciones buscando la procedencia. Un rayo de luz nos cegó a todos. Frente a nosotros unas puertas enormes de piedra se abrieron de par en par. El brillo llegó a nuestros ojos y nadie se atrevió a dar paso alguno. Estábamos temerosos y a la expectativa de cualquier cosa, pero las puertas permanecieron abiertas y a medida que nuestros ojos se acostumbraron a la claridad, notamos que el mundo exterior se hallaba afuera. Hasta nosotros llegó el aroma del salitre y el sonido de las olas del mar chocando contra la orilla. 

—¡Hay nuevos reclutas! — la silueta de una mujer apareció en el portal. Resultaba imposible verle el rostro debido al efecto de la luz que entraba, sin embargo, pude adivinar que sonreía ampliamente. 

—¿Quién eres? —preguntó alguien. 

La mujer no prestó atención y paseó la mirada por el lugar. Hasta entonces yo no me había fijado. Estábamos en una sala circular en cuyo centro había una mesa de piedra. Nada más, no había adornos, cuadros, ni nada extraño. Todo era de roca sólida y gris. 

—Diez hombres y siete chicas, tenemos un grupo pequeño. Tanto tiempo y envían tan pocos. Por amor a Numer, así nunca llegaremos por debajo del piso treinta— Colocó las manos contra la cintura. 

—¿Dónde estamos señora? —el tono de voz de la chica que lo preguntó fue totalmente tímido y dulce. Una voz tan suave que confundirías con un susurro. 

—No soy la de las respuestas. Si quieren saber todo, deberán salir y preguntar en Yomu´s. 

Me acerqué, estaba curioso, sin contar de que la oscuridad no es mi elemento fuerte. Pude observar a la mujer, de aspecto duro, ojos profundos, cabello rojizo desordenado, labios carnosos y sonrisa amplia. Su expresión era de decepción, más la sonrisa era cálida y amistosa. Me acerqué aún más, el temor desapareció de mi cuerpo y avancé camino a la luz. Pude sentir al resto moverse al igual que yo. 

—¿Alguno de ustedes sabe artes marciales? ¿usar armas? —preguntó la mujer. Todos nos quedamos de pie sorprendidos—. Si alguno de ustedes sabe usar armas sería un candidato predilecto, quizás podría hacer algo por ustedes— Nos observó expectante. Ninguno respondió—. Tú luces fuerte chico —la mujer se acercó a un chico alto y fornido de piel curtida que se hallaba a mi derecha.  

—No tengo intención de estar con alguien que no responde una pregunta— cortante. El chico continuó su camino hasta la puerta. Yo decidí seguir adelante, no sin antes detallar a la mujer que se hallaba en el portal. Vestía de manera anticuada, con un pantalón ajustado, y protectores de cuero en piernas, brazos y pecho. Camisa que en algún tiempo fue blanca, se hallaba raída y con pequeños agujeros en la zona inferior. 

—Tener coraje es bueno, lo necesitarás —Esta vez la sonrisa fue maliciosa —aunque puedes morir por hablar demás.

—¿Dónde queda ese tal Yomu´s? —pregunté acercándome a la mujer. Era hermosa, pero peligrosa. Solo podría compararla con lo bello de un animal salvaje. Sabes lo majestuoso que luce, sin embargo, no te atreves a acercarte porque resultarás herido. 

—Solo deben bajar —señaló al pasillo de piedra que se hallaba a su espalda descendiendo hasta el pueblo. Debía ser de mañana, el sol apenas comenzaba a salir y el ambiente era bastante frio. 

Avancé y observé por primera vez el exterior. Nos hallábamos en la cima de un faro sobre un risco que daba directo al mar. A nuestros pies y bajando por el camino de piedra se hallaba un pueblo pequeño y agreste. Con cabañas de madera, paja y piedra. El lugar era amplio y bastante blanco. Alrededor de allí se observaban anchas y vastas extensiones de bosque. Árboles sin fin en el horizonte, no obstante, lo más inquietante para todos no fue aquello. En el centro del pequeño pueblo había un agujero colosal. Era como un cono oscuro que amenazara con tragarse todo el pueblo y sus habitantes. Alrededor de aquel agujero de cientos de metros de ancho se extendía una muralla. 

—Eso que ves es el Abyss —la mujer se acercó a la orilla para observarlo al igual que yo —. Algunas mañanas vengo a verlo, resulta imponente ¿cierto? De inmediato te hace entender cuán insignificante eres. 

—¿Qué es ese agujero? —una joven se acercó también para observar.

—Eso es la razón de todo, el inicio y el final de todos los aventureros —habló la mujer de cabello rojizo, sus palabras fueron pesadas y contundentes. Las soltó como si fuesen algo que se aprendió en un pasado y recitó de memoria. 

Tragué saliva y respiré hondo. El aire era puro y se sentía la sal del mar en el ambiente. Noté entonces como figuras muy pequeñas se movían por encima del muro que rodeaba el Abyss, agudicé la vista para notar que eran personas. No pregunté nada más y continué bajando, aunque la mirada quedaba perdida en el paisaje que se hallaba abajo. 

Repasé con la mirada a quienes descendíamos, todos teníamos edades diferentes y nuestras ropas tampoco eran semejantes. Yo iba con unos jeans oscuros, un suéter gris y una bufanda verde olivo. La chica que bajaba a mi lado, quien preguntó por el agujero, vestía algo particular. Era un vestido corto y ajustado totalmente a su cuerpo, blanco y azul marino. Por delante de nosotros una chica tenía un traje digno de una princesa, mientras que un chico descendía incluso sin camisa. 

Yomu´s resultó ser una pequeña posada. Todo en ella estaba hecho de madera clara y en las paredes se observaban cuadros y armas colocadas con bastante cuidado. La zona inferior del lugar era una taberna pequeña. Afuera una mujer lanzaba agua al suelo y restregaba. Un hombre musculoso apareció en la entrada y nos invitó a pasar. 

—¿Qué haces con los nuevos Tariel? —preguntó el hombre a la mujer de cabello rojizo mientras todos entramos al lugar. El aroma a cerveza del día anterior aun impregnaba el lugar. También llegó el aroma a pan recién hecho, el calor de la cocina y la chimenea llegaba hasta donde me hallaba. 

—Estaba observando el Abyss cuando las puertas del faro se abrieron —contestó esta —pásame una botella de cerveza de miel — apuntó con la mirada mientras colocó sobre la barra un par de piezas de metal.

—¿Tan temprano? Esa cosa es dulce, pero igual tiene alcohol.

—Entraré al Abyss y si muero el día de hoy prefiero haber bebido una buena cerveza —Señaló una botella en el aparador de la izquierda —esa, no quiero una recién hecha. Mientras más vieja sabe mejor. No mezquines lo bueno Yom. 

—Una de estas vale un hierro más Tariel —Expresó el hombre colocando la botella en la barra. La mujer le observó de mala gana, pero sacó otra pieza de un bolsillo y tomó la botella en sus manos. 

—Vale la pena —expresó después de dar un gran trago. Pasado esto nos observó a todos y lanzó una sonrisa —. Míralos Yom, callados y asustadizos, les dije que vinieran aquí y que tú les explicarías lo necesario. Parecen ovejas que bajan la cabeza para ser degolladas. Menudo montón de niñas nos envían esta vez.

—Prefiero que estén callados, así les puedo explicar lo debido —Expresó este —aunque no creo ser quien debería darles todos los pormenores. 

—¿Quién mejor que tú Yom? —la mujer se retiró dejando la botella vacía. El posadero la miró de reojo y sonrió. La chica que restregaba el suelo pasó corriendo a la cocina de pronto y el hombre nos recorrió con la mirada.

—Le dije a Tariel que los prefería callados, pero no me molesta que pregunten un par de cosas, quizás así podremos empezar con lo debido — Expresó con voz templada al tiempo que acomodaba un tonel detrás de la barra.

—¿Dónde estamos?

—¿Quién es ella?

—¿Por qué estamos aquí? 

—¿Qué sucedió?

—¿Estamos muertos?

El hombre alzó una mano para que todos guardásemos silencio. Yo tenía un mar de preguntas, pero el resto había saltado para preguntar antes de que mis labios se abrieran.

—No creo que estén muertos. De ser así yo también lo estaría, y se los aseguro chicos, me siento muy lleno de vida —no sé, pero sentí que había una mentira en tales palabras. El hombre se movía con soltura por el lugar pasando el trapo para limpiar por los distintos lugares donde era necesario —Aún no han visto la verdad sobre la muerte, no han entrado al Abyss. 

Repasó con la vista el lugar como buscando ver en nuestro interior —Cuenta la leyenda —continuó —Que los dioses Nemur y Yisha decidieron traer a nuestro mundo cada tres meses a un grupo de jóvenes. Estos jóvenes deberían ser capaces de enfrentar a Emerant, el dios de las profundidades, el señor del Abyss —. Yom se encogió de hombros y lanzó un suspiro al aire —. Sin embargo, nadie cree en esas historias. Lo cierto es que cada tres o hasta cinco meses llega un grupo de jóvenes al faro. Todos como ustedes, perdidos por completo, sin recuerdos de nada previo a aparecer allí. 

—Yo apenas recuerdo mi nombre —expresó un chico llevando su mano al pecho. 

—Y tu edad, todos siempre recuerdan su nombre y su edad. También saben muy bien como comer, como hablar, algunos saben cómo escribir y sacar cuentas. Otros recuerdan cosas como bailar, pelear y otras cosas. Ninguno recuerda nada de su familia, ni cómo llegaron hasta allí. Es lo usual. 

Yom hablaba y yo analizaba. Era cierto, sabía muy bien como caminar, comer, y el nombre de las cosas que se hallaban a mi alrededor. No dudé al ver el faro e identificarlo como tal, tampoco al ver el mar. Más no recordaba nada más aparte de aquello, aunque aún tenía en mi mente el rostro de mi hermana Daniela. Si aquello era extraño, no lo diría. De cierta forma aquello me reconfortó y decidí que, si era el único capaz de recordar a alguien, debía de ser importante y un secreto. 

—¿Han llegado muchos antes que nosotros? —no vi quien preguntó.

—Cientos, esto ha sucedido así por al menos unos cuarenta años. O es lo que sé, quizás más tiempo. Yo llegué al igual que ustedes por ese faro. Recuerdo la oscuridad que había adentro. 

—¿Cientos? —repetí sin darme cuenta, por alguna causa aquello no sonaba del todo bien. 

—Hay cosas que necesitan saber antes de salir. Lo primero de todo, es que están en Matneim, y esta ciudad se llama Utghardie. Lo que vieron en el centro de la ciudad, ese gran agujero se llama el Abyss. El Abyss es… —se vio interrumpido por la mujer que llegaba con pan recién hecho y Yom debió ayudarle con las bandejas, luego se alejaron por la zona posterior y regresaron con unas botellas —¿Dónde estaba?

—¿Qué debemos hacer viejo? —preguntó el chico fornido al que Tariel se acercó antes. 

—Eso dependerá de ustedes. Les recomendaría que busquen un trabajo. Dudo quieran pasar la noche en la calle o peor aún, afuera de la ciudad. Si quieren comer deberán de trabajar y costeárselos, si quieren descansar también. Nada es gratis en Utghardie. 

—No conocemos el lugar —Expresé. En mi voz se notó la preocupación. 

—No, y tampoco los conocen a ustedes. Pero cada cierto tiempo llegan chicos como ustedes, no será raro que les den trabajo. La mayoría tampoco aguanta mucho aquí —Respondió el hombre.

—¿Se van? —preguntó una chica, yo de inmediato entendí a lo que él se refería. 

—Mueren, como todos. Algunos porque salen de la ciudad en los primeros días, y los goblins no son la raza más fuerte, pero tampoco son conocidos por ser seres misericordiosos. Otros entran al Abyss, se apuntan como aprendices de cualquier grupo loco. A veces son solo recolectores. El resultado es el mismo, mueren todos. 

—¿Acabas de decir goblin? —un chico que se hallaba muy cerca de mi habló. Reconocí la voz, se trataba de Dimch. 

—Goblin.

—¿Hablas de los seres que son así de pequeños, verdes? —preguntó señalándose a la altura de las rodillas. 

—No son pequeños hijo, yo diría que miden entre el metro y el metro cincuenta. Verdes, grises, gruñones, de piel dura, armados, dientes filosos y muy dispuestos a matarte en cualquier instante. 

—Los goblins no exis…—una chica comenzó a recitar, pero ante la mirada de Yom enmudeció al instante. Yo también dudé, pero el semblante del hombre era serio. Realizaba sus tareas, pero hablaba con un tono decidido y sincero. Di crédito de inmediato a sus palabras. 

—¿Matan humanos? —preguntó Dimch tragando saliva al tiempo que se apoyaba en una silla para no caer, su rostro estaba blanco como el papel. 

—Matan todo lo que tenga carne. Comen carne. Los humanos están hechos de carne. Aunque yo como ustedes no me preocuparía por los goblins, esos solo se encuentran a las afueras de la ciudad. No han atacado durante muchos años y dudo que lo hagan. Tampoco son lo peor que exista. 

—¿Cómo hacen para salir de la ciudad? —preguntó otro chico. 

—Se contratan aventureros de los que entran al Abyss. Otros optan por contratar guardianes, algo más barato, pero no tan eficaz. Aunque todo depende de cuánto dinero tengas y que tan lejos vayas, si vas a otra ciudad necesitarás aventureros. Si vas a recolectar hierbas o frutos, puedes arriesgarte en el día y salir solo. Aunque la mayoría es prudente y contrata algún guardia. 

Llegó a la taberna un grupo de hombres con armaduras. El sonido del metal al caminar resonó en la estancia y Yom caminó hasta ellos para atenderles. Nosotros nos quedamos en silencio del otro lado del lugar. 

Con la mirada pude notar que aquellos hombres llevaban espadas en la cintura y uno de ellos un escudo enorme que dejó a un lado recostado contra una pared. Pensé que yo no podría cargar tal escudo ni que mi vida dependiera de ello. Era de al menos mi tamaño y estaba hecho de metal. 

Algunos de nosotros comenzamos a murmurar, yo preferí mantenerme en silencio. Estaba asustado pero tranquilo. Mi cuerpo entero temblaba, más no iba a exhibir mis temores ante el resto. 

—¿Crees que esté mintiendo? —preguntó una chica a mi lado, yo apenas la miré. 

—No creo, y aquellos hombres no están vestidos así para una fiesta de disfraces. Están hablando muy seriamente. 

—Pero, es que los duendes… esas cosas…

—¿Tienes en la mente que esas cosas no existen? —pregunté en un tono algo brusco procurando sentarme. La chica siguió mi ejemplo, yo hablaba en voz baja tomando asiento —¿Cómo sabemos que no existen? ¿Recuerdas algo de tu vida antes de hoy? —la chica negó con la cabeza. Hasta entonces me percaté, tenía el cabello marrón lleno de rulos y largo. Sus facciones eran delicadas, los ojos de un marrón oscuro. Parecía hecha de porcelana, excepto por su ropa, estaba sucia y maltratada. Como si llevara tiempo viviendo en la calle—. Yo tampoco tengo recuerdos, pero de alguna manera sé a qué se refiere con goblins. Lo cual quiere decir que de alguna manera puede ser relevante, y lo que sea que nos pusiera en este mundo, quiere recordemos lo que es un goblin —razoné, más para mí que para ella.  

—¿Cómo te llamas? Yo soy Teresa. 

—Yo… —Yom regresó y aclaró su garganta para hablar. 

—Lo principal que deben saber ahora es que no deben entrar al Abyss, es un sitio peligroso para ustedes en este instante. No están preparados. 

—¿Qué es el Abyss? —preguntó Dimch. Me agradó ver que alguien razonaba igual que yo. 

—Oh, el Abyss es… pues es ese agujero que debieron ver. Está en el centro de la ciudad y se encuentra rodeado por la muralla. Es lo que nos protege actualmente, solo la muralla. Para entrar se debe acceder por la muralla hasta alguno de las entradas existentes. Y básicamente, es un calabozo por pisos. 

—¿Qué? —preguntó Teresa. 

—En el Abyss hay una gran cantidad de criaturas, mientras más profundo vas, hay peores clases de seres. Está lleno de túneles y calabozos —trató de explicar el hombre. 

—¡Déjales que entren Yom, morirán a los segundos, de seguro en el primer piso! —bromeó uno de los hombres que acababan de entrar. 

—¿Crees que moriré si entro al Abyss? —El chico fornido se levantó y se encaminó hasta el hombre. Este y sus compañeros soltaron sonoras carcajadas ante su actitud. 

—No niño, creo que si fastidias mucho morirás aquí y ahora —un compañero del hombre alzó la espada con una curva. Esta cortó el aire y la punta de la hoja se detuvo a solo centímetros del cuello del chico, el cual retrocedió impactado. 

—Quizás lo podríamos usar Ment, podría ir con nosotros al Abyss ¿probarás que puedes chico? ¿Cómo te llamas? 

—Soy Colbert —pronuncio y su voz fue áspera.

—¿Y bien? ¿Quieres probar si sobrevives dentro de Abyss?

—¿Qué ganaré?

—Ves Ment, el chico pregunta qué va a ganar —expresó uno de los hombres. 

—Vas a recoger las gemas, y cualquier objeto que encontremos en el camino. Te daré el cinco por ciento de lo ganado. Si sobrevives claro. 

—¿Podré alquilar algo donde dormir y para comer con eso? —continuó preguntando Colbert aun con la espada cerca de su cuello. 

—Si sobrevives, dormirás tranquilo. 

—Bien —expresó este y uno de los hombres empujó una silla para que se sentara mientras el otro bajó la espada. 

—No te olvides decirles sobre los niveles papá, siempre olvidas sobre los niveles —La mujer que salía de la cocina nuevamente con botellas para los hombres se dirigió a Yom. Hasta entonces yo no reparé en lo joven de aquella mujer.

—Cierto. Veamos muchachos, ustedes ahora mismo están en la base. Nivel 1, casi cero diría yo —sonrió —necesitan adquirir experiencia para poder subir de nivel. En este mundo el nivel de poder que tengan es importante. No es fácil subir de nivel. De hecho, entre el nivel uno y el nivel dos de poder hay una brecha enorme. Es por eso que solo después del nivel dos se les permitirá elegir una vocación. Claro que eso es para aquellos que quieran ir al Abyss.

Me quedé sin saber qué decir, principalmente porque no había entendido la mayoría de lo dicho. Me resultó confuso, o tal vez mi mente se hallaba embotada con la cantidad de información procesada hasta ese punto. 

—Si hay monstruos en el Abyss ¿Por qué entran allí? —preguntó la chica que llevaba un vestido enorme de gala, luciendo como princesa. 

—Hay que mantener a raya a la población de criaturas que hay allí abajo, aumentan cada día a un punto crítico. Además de los recursos y las gemas. En los calabozos hay gemas que permiten almacenar magia, esas son caras y se venden a buen precio. También están los objetos o los desechos de los monstruos. 

Comenzó a tener sentido entonces para mí. Incluso el hecho de que existiera una ciudad alrededor de un calabozo. Aquella gente mercadeaba con lo que se sacaba de allí abajo. 

—¿Desechos?

—Los huesos de goblins son fuertes, sirven para hacer utensilios, no se queman sin importar lo que hagas. Los cuernos de minotauro, garras de arpía, sus plumas también. Depende de lo que consigas puedes venderlo en la muralla a precios considerables. 

—Yo se hornear pan ¿podría trabajar con usted? —soltó la chica y algunos rieron ante aquello. Yo me lamenté, aquella muchacha se me adelantó en la pregunta. Llevaba rato pensando que podría cocinar y apañármelas sin entrar en aquel lugar donde todos morían. 

—Cocinar, atender y limpiar— Yom la observó y su hija salió sonriente para ver mejor a la chica. 

—Sería bueno papá. 

—Si, a los hombres les gusta ver chicas en el lugar y no a un viejo musculoso mientras les sirven la comida ¿Puedes hacer esas cosas chica? 

—Sí señor, puedo limpiar y creo saber preparar comida —añadió. 

—Eso nunca se olvida.

—¿Cómo te llamas? —preguntó la hija del posadero tomando de la mano a la muchacha para llevarla al interior. 

—Myrna —. Era una chica de buen aspecto, pero bastante joven. Le calculé que debía tener máximo catorce años. 

—Vamos Myrna, te enseñaré el lugar, puedes llamarme Dina —ambas desaparecieron por la zona posterior de la estancia. 

—Usted acaba de hablar de magia en las gemas —Teresa se mostró interesada a mi lado. 

—Si claro, nada muy ostentoso claro, pero todos los seres tenemos afinidad para la magia. Magia para concentrarte, para mantener el valor, calmar los nervios, recuperar la energía… Primero deben ver sus estadísticas —remangó la camisa de su brazo derecho y pasó la mano izquierda sobre el antebrazo con tranquilidad —Ads dem. Siempre adoro esta parte —Mostró su brazo. Unas líneas negras se dibujaron hasta que las letras mostraron sus estadísticas. 










Nombre: Yumerth Berthageld         

Edad: 42

Profesión: posadero

Nivel: 3

Vida: 173

Fuerza: 28

Agilidad: 19

Inteligencia: 10

Resistencia: 22

Destreza: 17

Magia: 3



—Ads dem. 

—Ads dem —la mayoría comenzó a recitar observando sus brazos. Yo no me quedé atrás y dije las palabras necesarias y observé con atención el mío. Debo admitir que esperaba con cierta esperanza encontrar algo especial e increíble. No fue así en lo absoluto, de hecho, fue todo lo contrario. 

Nombre: Allan 

Edad: 17

Profesión: 

Nivel: 1

Vida: 56

Fuerza: 4

Agilidad: 10

Inteligencia: 10

Resistencia: 10

Destreza: 12

Magia: 0

 

Me decepcioné al instante, mis estadísticas eran bajas, muy bajas incluso entre mis compañeros. La mayoría de los chicos a mi alrededor tenían de seis a ocho de fuerza. Y todos tenían uno en magia. 

Tragué saliva y guardé el brazo. Las líneas desaparecieron casi al instante, al igual que mis energías. Tuve náuseas y ganas de desmayarme. Incluso las chicas tenían un uno en magia. Las estadísticas de Teresa eran mejores que las mías.

Nombre: Teresa 

Edad: 16

Profesión: 

Nivel: 1

Vida: 58

Fuerza: 4

Agilidad: 13

Inteligencia: 12

Resistencia: 11

Destreza: 7

Magia: 1

 

Incluso pude ver las estadísticas de Dimch de reojo y mis ánimos se fueron hasta el piso.

 

Nombre: Dimch 

Edad: 17

Profesión: 

Nivel: 1

Vida: 74

Fuerza: 7

Agilidad: 10

Inteligencia: 11

Resistencia: 10

Destreza: 5

Magia: 1

 

 

Guardé mi brazo bajo mi suéter y me aparté un poco del resto del grupo, no encontré a nadie que tuviese menos de un uno en la sección de magia. Solo las chicas tenían menor fuerza que yo. Guardé silencio y aguardé que la emoción se disipara de entre los presentes mientras pensaba mis opciones. Debería dedicarme a alguna labor tranquila. Aquella ciudad debía de tener granjas donde pudiera trabajar, recoger paja, matar cerdos. 

Ninguno de nosotros era igual al otro, algunos con cabello negro, otros marrón e incluso amarillo y rojo. No vestíamos ni lucíamos semejantes. Eso era extraño. Tampoco entendí como todos podíamos leer los mismos símbolos y hablar el mismo idioma. Al principio lo sentía como escupir y masticar madera, ya después me acostumbre mentalmente. Lo extraño era saber que aquella era la primera vez que pronunciaba esas palabras, pero conocía el idioma y me expresaba con naturalidad. 

Yom comenzó a responder preguntas de algunas personas, la mayoría se encontraba bastante interesada en el uso de la magia. 

—No pueden hacer nada como curar un hueso roto. Podrían sanar cortaduras pequeñas tal vez, si logran desarrollar magia por encima del nivel cuatro. En mi nivel se puede calmar los nervios, infundir valor a tus compañeros. Eso si te enfocas en desarrollar la magia, si lo tomas como especialidad o subclase. Casi nadie lo hace, no se fíen de eso, no salvará sus vidas.

—¿Y si se sube la magia? 

—No conozco nadie que tenga más de cinco en magia. No sirve para mucho, más en el campo de batalla, para eso están las gemas —explicó Yom y yo me tranquilicé un poco. Mi cero absoluto en tal renglón no era tan alarmante. 

Muchos de los presentes comenzaron a abandonar Yomu´s. Quedamos un grupo reducido, yo me limité a observar al resto hasta ver la oportunidad de acercarme hasta el posadero. 

—¿Cuánto cuesta una habitación aquí? ¿Cuánto dinero necesito? —obviamente tenía otras preguntas, otras más importantes. Quería saber sobre el cero en mis estadísticas, quería saber más sobre el Abyss, quería saber sobre el mundo, los goblins, quien era yo, sobre… Decidí que lo más importante era mantenerme con vida otro día. Llegar al día siguiente con un techo sobre mi cabeza. 

—Por quince dots de hierro puedes tener una habitación. Por diez podría acomodarte una litera. 

—¿El mes?

—La noche, para estar durante un mes te cuesta cuatrocientos dots de hierro, o lo que es igual cuatro de cobre. 

—Entiendo —mentí, pero no iba a darle más vueltas al asunto. Yo no tenía ni un hierro y pocas posibilidades de conseguir los diez mínimos para lograr tener donde dormir. Pero me daba una idea del costo de la vida en aquel lugar. Si quería un techo debía trabajar. 

Un grupo de personas entró a la pequeña taberna rumbo a las habitaciones, sin embargo, una pareja se quedó en la parte inferior y Yom se dirigió a atenderles. Yo me quedé observando, era obvio que nos había dado toda la información que consideró útil, y quizás si había dicho mucho. Pero para mí resultaba muy poco, mi mente hervía en preguntas. Sin contar el miedo que me daba salir al exterior. 

—¿Tú eres Ian? —Dimch se acercó a mi dándome una palmada por la espalda. 

—Me llamo Allan —Me sinceré. 

—¡Oh, perdón! Pensé que eras alguien a quien…

—Descuida, si soy yo, es solo que antes no me fie de dar mi nombre a cualquiera —. Estaba un poco apenado. Teresa se giró observándome. Dimch abrió mucho los ojos. 

—Diablos. No he pensado en algo como eso, pero suena bastante sensato. Yo me llamo Dimch. 

—Chicos, afuera están hablando de algo —Teresa avanzó antes que nosotros. Al salir notamos como todo un grupo se arremolinaba en la entrada, eran recién llegados y un grupo armado que les rodeaba. 

—Puedes entrar —señaló un hombre con un traje oscuro a un chico —Con fuerza ocho te será fácil subir al nivel dos y podrás ir con nuestro grupo y eliminar a los rezagados. 

—Cualquier hombre con fuerza de siete o mayor puede entrar al grupo. También cualquier chica con agilidad por encima de doce será bienvenida. Los entrenaremos y…

Teresa estaba por avanzar, pero la detuve del brazo. La expresión en el rostro de aquellas personas no me daba buen semblante. También recordé las palabras de Yom cuando hablaba sobre las muertes. 

—No, no son de fiar —repuse ante la mirada de Teresa y Dimch. 

—También has pensado lo mismo —un chico alto de cabello rubio se acercó a nosotros con una mano rascándose la barbilla —. No es normal que recluten con tan poca información y sin nosotros tener experiencia. Tampoco somos fortachones como Colbert —apuntó y yo me quedé observando asintiendo. Tenía razón, ninguno de nosotros era un candidato en realidad. Estábamos tan desorientados que hasta un gato era más diestro que nosotros. 

—¿Crees los usarán como carnada? —preguntó Dimch. 

—Lo más seguro. Yo no me veo portando un arma ni asesinando goblins ahorita. Mucho menos en ese agujero. Ellos tampoco —A pesar de sus palabras unas cinco personas se unían al grupo —. Soy Vert, ella es Mena —El chico señaló a una chica alta de cabello marrón a su lado. 

—Allan. 

—Dimch.

—Teresa. 

—Deberíamos buscar trabajos —terminé por decir. 

—Pienso igual, planeo preguntar en las herrerías. Creo que allí debería ser el lugar ideal, podríamos conseguir armas e información de parte de todos los aventureros —Vert era carismático y sus palabras iban acompañadas de seguridad. Supe al instante de que tenía razón y me odié porque la idea no se me ocurriera a mí. Yo tan solo había pensado en alguna porqueriza.

Estar junto a los cerdos. Aquella fue mi brillante y mejor idea. 

Comenzamos a caminar los cinco juntos, aunque gran parte del rato estábamos en total silencio, resultaba más cómodo que estar totalmente solos. Teresa y Dimch entraron a una posada, pero estaban llenos de personal. Conseguimos una herrería y el hombre no estuvo interesado en Vert y tan solo negó con la cabeza. 

—Me intriga lo de las vocaciones —Mena esperó a que Vert regresara y continuó hablando —Debí preguntarle al señor Yom sobre las vocaciones. Tengo la impresión de que es algo importante. 

—¿Más importante que encontrar un trabajo en este lugar? —Teresa no estaba muy tranquila. Después de preguntar en cuatro lugares distintos comenzaba a padecer de los nervios. Yo la comprendía. Acababa de preguntar en una taberna y una granja, en ambos lugares la respuesta fue negativa. La sensación que dejaba aquello era amarga y los ánimos decaían al ras del suelo.

—Debe haber cientos de trabajos —Dimch dijo lo que yo estaba pensando —no entiendo porque nadie nos contrata. 

—Nadie nos conoce, somos los nuevos. La señora de allá atrás me llamó un Ruck. Creo que significa novato —señaló Vert mirando a una vendedora de frutas que junto a su hijo cargaba grandes sacos de un carromato hasta una pequeña tienda. 

—Somos Ruck —comprendí.

—Creo que mientras más tardemos en encontrar será peor. Notan que el resto nos rechaza y perdemos más oportunidades, nos ven como los desechos de la camada —Mena era aguda y la realidad entonces era evidente. 

—Probablemente lo mejor sería alejarnos de esta zona de la ciudad y dirigirnos a algún lugar donde no nos vean como la escoria —razoné y el resto asintió con la cabeza.

La ciudad de Utghardie era inmensa cuando te disponías a recorrerla. Cuando la desconoces resulta extraña para guiarte por la disposición circular de todos sus barrios. No teníamos ni idea, pero era imposible de recorrer en un día. 

Pasada la hora del mediodía estábamos agotados y bastante extenuados de preguntar infructuosamente. La zona donde llegamos al inicio era una zona bastante tranquila que se hallaba en la parte externa, era el hogar de varios gremios de aventureros del Abyss. Del lado contrario quedaba la zona de venta de armaduras y herrería, nosotros nos fuimos por la de venta de frutas y verduras. Cruzamos toda una zona residencial y nos dirigíamos un poco más al centro de la ciudad. Suponiendo que cerca de Abyss debería haber un fuerte comercio y por lo tanto ofertas de trabajo. 

—¿Qué cosa será esa? —Teresa señaló una tienda de frutas con unas de color naranja bastante extrañas. Yo me fije en unas que estaban en la zona inferior del puesto. Eran enormes como barriles y de un color externo casi blanco. 

—Una fruta —Respondió Dimch. 

—¿Cómo creen que podamos recordar algunas cosas y otras sean un misterio? —la pregunta de Vert era obvia. Todos la teníamos en la mente, se notaba en nuestras miradas. Entonces pensé en el hecho de que desde décadas atrás aquel suceso se repetía. Había chicos llegando a la ciudad y la mayoría de ellos terminaban muertos. En el mejor de los casos podían sobrevivir y llegar a adultos para ser como Yom. 

—El faro debe tener alguna especie de magia para borrar nuestras memorias —repuso Mena con naturalidad, nos quedamos viéndole hasta que Dimch agregó. 

—¿Y cómo aparecimos todos allí de pronto? —la chica se limitó a encogerse de hombros. 

—¿Qué son esos? Son bonitos —Teresa se acercó hasta la dueña de una pequeña tienda en la que había unos seres redondos como pelotas con ojos muy grandes de todos los colores. Estaban encerrados en jaulas y varios niños les daban de comer lechuga.

—Son Urfs hija —la vieja mujer atendía a una señora que compraba unas semillas, daba el cambio y giró para vernos, luego a Teresa. Al observarla mejor comprendió nuestra situación y continuó —Los Urfs los usan mucho en el Abyss, suelen buscar gemas u objetos, aunque la verdad se vende mejor entre los niños como puedes ver. 

—¿Cuánto cuestan?

—Cuestan tres platas —sonrió de manera amable. Ya para entonces yo comenzaba a entender cómo se manejaba la moneda del lugar. Mucha de la comida y bebida era barata, al igual que el hospedaje. Los animales, las armas, las armaduras y gemas eran extremadamente caras.

La moneda se llamaba dots. La de menor denominación eran los dots de hierro, cien dots de hierro hacían un dot de cobre. Cien dots de cobre hacían uno de plata, y cien de plata un dot de oro. Las monedas apenas crecían un poquito al subir de denominación. Del resto eran exactamente igual todas, lisas de un lado y con la forma de un escudo acuñada del otro. 

Tres dots de plata era mucho dinero, por cinco podías comprar una armadura pequeña. Teresa se apartó un poco del animal sonriendo. 

—¿Te gustan los animales hija? —preguntó la vieja. Teresa apenas asintió con la cabeza —¿Te gustaría trabajar aquí? Necesito quien lave la tienda, cargue las cajas y trate con los caballos, ya yo estoy bastante vieja y mi sobrino suele estar en el Abyss todo el día. 

—¿En serio? ¿Podría? 

—No pago mucho, apenas veinticinco dots de hierro al día, pero tendrás las tres comidas aquí. 

—Muchas gracias, estaría encantada —Teresa regresó hasta nosotros sonriendo, era imposible no estar feliz por ella. La chica casi daba saltitos sobre la punta de sus pies. Era la primera de nosotros en encontrar un trabajo. Teresa se quedó allí con la señora en la tienda atendiendo a unos niños mientras nosotros seguimos avanzando. Yo busqué de aprenderme la dirección del lugar, principalmente porque Teresa me resultaba agradable y linda, era esa clase de persona en quien podías confiar de inmediato y su sonrisa me resultaba amena. 

Continuamos dirigiéndonos al centro, tal como imaginamos las tiendas comenzaban a ser más frecuentes, al igual que los restaurantes al aire libre, los bares y posadas. Allí pudimos ver también varias tiendas de armas y gemas. Eran enormes, de puertas cerradas y apenas podías observar algunas piedras o armas por los cristales. Muchas otras eran completamente cerradas, pero tenían letreros con espadas o escudos en lo alto del lugar. 

Pronto observamos la muralla que rodeaba el Abyss. Medía por lo menos unos diez metros de alto y en la zona superior se observaban estandartes, banderines y algunas personas caminando de un lado a otro. La piedra del muro era gris y negra. Tenía por encima un enrejado en algunas secciones y marcas de lo que parecían garras enormes. 

El bullicio allí también era mayor, había venta de toda clase de objetos y los mercaderes no temían salir a exhibirlos y llamar la atención de quien deambulaba. La mayoría de las personas tenían armaduras o armas ceñidas a la espalda o la cintura. Por lo tanto, nuestro pequeño grupo conformado por jóvenes y apenas vestidos formábamos un espectáculo dispar. Entre el resto éramos fáciles de divisar. 

Nos acercamos un poco más a la muralla por iniciativa mía. Me llamaba la atención aquel lugar y el porte distinguido de muchos aventureros.

Dimch encontró trabajo en una tienda de armas por cuarenta dots de hierro el día. Se despidió de todos y continuamos nuestro camino. Una señora nos gritó por la calle diciendo que los Ruck no eran bienvenidos y que siempre llegábamos sin saber qué hacer. Nos marchamos con la cabeza baja. Fue entonces que observamos a una chica pidiendo trabajo en un lugar por el que acabábamos de pasar. Mena la reconoció de nuestro grupo inicial. 

—Hola, soy Vert, él es Allan y ella es Mena. Estamos al igual que tú, buscando trabajo para iniciar. 

—¡Oh! Me llamo Melanie —la chica era la misma que portaba un traje muy elaborado y blanco como el mármol. Su tono de piel no quedaba muy atrás, sus facciones eran delicadas, tanto como sus manos. Sus ojos grises y cabello dorado casi plateado a la luz del sol. Una princesa en toda regla, pensé —. Ha sido un tanto difícil la búsqueda de trabajo, temo me tomen horas de la noche y yo sin poder conseguir un lugar apropiado. 

No me extrañó en absoluto que no consiguiera hasta entonces, sin embargo, no podía decir nada. Yo tampoco tenía trabajo a pesar de haber preguntado en una docena de lugares. 

—Me llamo Allan —saludé estrechando su mano de la manera más educada que encontré.

—Hola Allan, te recuerdo de Yomu´s. Creo que aquí cerca de la muralla —Se escuchó un fuerte sonido y un par de gritos de la muralla. Las personas de nuestro alrededor ya parecían estar acostumbradas y reaccionaron de inmediato. Observé como dos puestos cerraron sus puertas al instante, algunos corrieron huyendo del lugar mientras otros se dirigieron a la muralla en carrera. 

—¡Un dragón! —Alguien gritó y los cuatro alzamos la vista. La bestia se alzó por encima de la muralla y extendió sus alas. La sombra de su cuerpo se alzó tapando la luz de toda la calle. Batió sus alas y el viento nos lanzó a los lados, las frutas salieron disparadas por el aire junto a los pedazos de madera y techos de algunos lugares. 

Me encontré en el suelo con la vista en el cielo. Si nunca habéis visto un dragón dudo que comprendas lo insignificante que puedes sentirte. Entonces comprendí que un ser tan inmenso y majestuoso no podría ser derrotado por un hombre. Siquiera una veintena de personas tendrían oportunidad. El viento era tan fuerte que la mayoría se sujetaba para no salir despedido. El animal era de un verde como la grama, intenso. Debía medir como mínimo unos veinte metros de largo y sus alas eran al menos del mismo tamaño. 

Un centenar de hombres salieron corriendo en dirección donde el dragón se dirigía. Los gritos llegaban de todas direcciones y todo era confusión. Entonces se escuchó una fuerte explosión de la zona superior y un par de hombres fueron lanzados por los aires hasta el suelo. 

Vi con horror como uno de los cuerpos se estrellaba contra la tierra a varios metros de distancia. Incluso pude escuchar como sus huesos crujieron a la par de la armadura y la sangre comenzó a manar de su cuerpo empañando el polvoriento suelo. 

Dos seres bajaron de un salto de la estructura gris, el terror se expandió por los presentes y mi cuerpo. Sentí como un frio intenso me recorrió desde los pies hasta la cabeza y mis manos instintivamente rasgaron la tierra fría. 

El primero iba en dos patas, erguido como un ser humano, portada un escudo pequeño y un hacha en su mano derecha. Su cuerpo era totalmente peludo de un rojo intenso, su rostro chato por completo, orejas alargadas hacia abajo y dientes maltrechos en todas las direcciones. 

El segundo era como un lobo muy grande. Medía como un metro de alto, sus garras eran filosas y negras, su pelaje grisáceo y su rostro se asemejaba a un murciélago. 

Los hombres armados que quedaban en el lugar se lanzaron al ataque del bípedo, mientras el lobo con rostro de murciélago se dirigió a una tienda y entró de un golpazo destrozando todo en el interior. 

—Hay que alejarnos lo más posible —Vert estaba de pie mientras que yo me levantaba y ayudaba a Melanie. Se escuchó una trompeta resonar por encima de todo. 

Comenzamos a correr al igual que varias personas y sentí las pisadas de aquel lobo siguiéndonos. Eran diferentes a cualquier pisada, eran pesadas y retumbaban en el aire. 

Yo no supe por dónde avanzábamos, solo seguí a la corriente por el tumulto de calles, Vert, Mena y Melanie iban a mi lado. Sus rostros reflejaban el miedo, pánico a lo que nos seguía. Volteé por instinto y vi como aquel ser llevaba un brazo en sus fauces mientras avanzaba detrás de nosotros. 

Melanie se enredó con su vestido después de saltar un carro de frutas que ya el resto habíamos pasado. Me detuve y viré para verla. Estaba tendida y alzaba su brazo hacia mí. Sus ojos vidriosos llenos de llanto se fijaron en los míos. Comprendí lo que sucedería. Melanie moriría allí en ese instante. 

Alcé la mirada y observé a la bestia. Ya no corría, avanzaba lento acechando una presa, solo que no se trataba de Melanie. Estaba un poco más atrás mostrando sus afilados dientes a una mujer de vestido floreado que se defendía con una escoba. Detrás de la mujer se hallaba una niña de apenas unos diez años gritando desesperada. El llanto de aquella chica fue desgarrador. 

La mujer alzó el palo y este se rompió ante el primer zarpazo. Lo blandió nuevamente, pero fallo y la garra de aquel ser desgarró el rostro de la mujer apartándola del camino. Todo en el mismo movimiento. 

Tomé una piedra del suelo y la lancé, esta dio directo en el ojo del monstruo, el cual gruño y fijó sus ojos en mí. 

¿Por qué lo hice? Tengo muchas razones, por la niña, por mi deseo interno de ser un héroe. Otra excelente razón sería decir que era lo correcto. Pero la verdadera causa es que soy un idiota y no lo pensé. 

Aquella bestia ladeó la cabeza procurando recuperar la vista y movió sus grandes orejas, se enfocó en mí y corrió en mi dirección ignorando a la niña que lloraba, a su madre con la cabeza destrozada y a Melanie tirada en el suelo. Yo corrí. 

Mi mente lo procesó rápido, no tenía forma de correr más rápido que aquella cosa. Por eso entré a la primera tienda que tenía a mi derecha. La puerta del lugar la forcé y cerré de un salto, repasé con la mirada el lugar y noté varias personas mirándome fijamente, de pie y paralizados. Debía verme muy tonto: sudado, con miedo. No era un aventurero, no tenía arma alguna. 

El lobo rompió la ventana del lugar, las astillas y vidrios volaron por el mismo. Yo tropecé con la mesa y caí de espaldas girando por el suelo quedando la mesa encima de mi cuerpo. La bestia se lanzó sobre mí al instante y sentí todo su peso sobre mi cuerpo. La mesa se hallaba en medio de los dos. Sus fauces se abrían y cerraban a solo centímetros de mi rostro y yo me apartaba arrastrándome en el suelo, quitando mi rostro del camino con movimientos desesperados. La verdad es que solo la madera le impedía comerme. No podía escuchar los gritos de mi alrededor porque los míos eran mucho más fuertes. 

El monstruo notó el impedimento y comenzó a destrozar la madera con sus garras. Las astillas y pedazos de patas cayeron al lado de mi cabeza, y yo con un brazo alcancé a tomar un pedazo puntiagudo. Entonces lanzó sus colmillos de nuevo contra mí y me aparté nuevamente, con un movimiento alcé mi mano e interpuse el pedazo de madera en el medio de sus mandíbulas. 

Lo que sucedió en realidad fue que la bestia mordió con tanta fuerza que enterró el madero y lo empujó contra su cráneo. Matándose por sí sola. Lo que los demás que se hallaban en el lugar dijeron, fue que yo clavé la madera en la cabeza de aquel ser. 

Varios ayudaron a quitar el cuerpo de encima para que pudiera levantarme. Temblaba de tal manera que apenas podía mantenerme en pie. Los presentes me observaban asustados y entonces comprendí la razón. Me hallaba cubierto de sangre por completo. Todo mi rostro y camisa eran un espectáculo sangriento. 

—Eso es un fenrir muchacho —escuché la voz de un hombre que se acercaba con una jarra de cerveza en la mano —mataste un fenrir, no está mal. 

—Mira la mesa, quedó hecha un desastre. 

—Ven chico, bebé un poco —Me sorprendí al ver que una mujer me envolvía con una tela y brindaba un poco de chocolate caliente. No sé qué aspecto tendría yo, pero sí sé muy bien la expresión de aquella mujer. Era la de temor de que algo me sucediese.

Me senté en una silla y me tranquilicé mientras los rostros de varios desfilaban frente de mí. Entonces noté que un hombre con armadura se acercaba a la bestia y sacaba su cuchillo y fue alguien de la posada quien intervino empujándole al suelo. 

—Lo mató el chico, no tienes derecho a quitarle los colmillos, será el chico quien lo haga. 

No comprendí del todo, pero si entendí una palabra de la boca de aquel aventurero —Ruck —Sentí rabia corriendo por mis venas y me levanté de un salto. Alguien me facilitó un cuchillo de cocina, me dirigí donde estaba el fenrir y miré de soslayo a aquel aventurero. Luego noté que fue el posadero quien alejó al hombre y con las indicaciones del mismo retiré los colmillos de aquella bestia. 

—También podrías vender los huesos de las piernas y el cuero, es un cuero duro—me comentó.

—El dinero por la ventana y la mesa —balbucee y el hombre rio abiertamente sentándome en una mesa y pasando un trago hasta donde me encontraba. Mis manos estaban totalmente manchadas de sangre, observé los cuatro largos y afilados dientes sobre la madera sintiendo cierta satisfacción. 

—Teníamos meses que no ocurría ningún accidente —comentó alguien pidiendo estofado.

—Mató a un par de personas allí afuera. 

—De hecho, creo que tuvimos suerte. Hace meses que no sucedía nada. Cada vez hay más monstruos en las mazmorras del Abyss.

—Si —corroboraron en coro varios de los presentes. 

—Deberías ver si tiene alguna gema, luce bastante grande. 

—¡Oye Vermont! ¿Qué harás con el fenrir?

El posadero sonrió y golpeó la cabeza de murciélago de aquella cosa —Hay que colgar la cabeza aquí. Será un buen recuerdo —los presentes rugieron en vítores y alzaron sus copas. Era extraño observarles. El ambiente se convirtió en festivo solo minutos después del desastre. Esa era la realidad allí, alrededor del Abyss. 

—Los caballeros negros mataron al beartroll —declaro un hombre joven que entraba al lugar. La gente sonrió y alzó su copa.

—No es extraño, son fuertes.

—Toma muchacho —Vermont, el posadero llegó con un plato de arroz con carne y mucha salsa hasta mi mesa —come bien. Hoy estará lleno el local, y con el cuero y los huesos del fenrir son suficientes para pagar la ventana, la puerta e incluso la comida. 

—¿Está seguro?

—Un posadero nunca arriesga la posada ¡come! El único color que tienes es el de la sangre y mi esposa me molestará si no te ve comiendo —la mujer que me ayudó a limpiarme estaba detrás de la barra. Se retiró.

—Pues mira donde está— Vert se acercaba con Mena y Melanie a los lados. 

—¡Pensé aquella cosa te había comido! —Melanie agachó la cabeza frente a mí —Estoy en deuda. 

—Yo…

—Melanie nos ha contado sobre la piedra que lanzaste al monstruo —apuntó Mena con la misma expresión austera de siempre. Aunque yo estaba seguro de haber visto como apretaba los dientes cuando huíamos del fenrir. 

—Fue un desastre todo esto. El dragón casi me dejó paralizado —Vert sonreía sentándose al frente, las chicas también se acomodaron. 

—¿Y esa comida? —Melanie observaba el plato con los ojos fijos y le ofrecí para que comiera conmigo. Mena y Vert se negaron. 

—Fue una locura, hay personas muertas por el camino. 

—La fuga la ocasionó el dragón y detrás de él un grupo de monstruos le siguieron, esos dos fueron los que lograron escapar. 

—Ahora entendemos la razón de la muralla —expresé. 

—Ahora pienso que no es suficientemente alta —Melanie hablaba intentando mostrar sus modales. Tragaba por completo antes de abrir la boca y levantaba los dedos para pedir la palabra. 

—Podrían subirla unos diez metros más, ese dragón la atravesó como cuchillo la mantequilla —comenté. 

—Como una ardilla la pradera —expresó Mena. 

—Vermont y tú tienen nombres similares ¿no serás Vertmon? —preguntó Melanie.

—Soy Vert —repuso el chico de mal talante. 

—¡Oye Vermont, Katie! —un hombre llegó a la puerta acompañado de una niña. La chica tenía la cabeza gacha. El ambiente en la taberna cambió de súbito y ambos avanzaron por entre las mesas. Entonces pasó de improvisto y yo quedé mudo. La niña me observó de reojo y se lanzó sobre mi abrazándome y llorando a rienda suelta. 

Yo me quedé observando a mi alrededor. Los demás estaban tan sorprendidos como yo. Katie, la esposa del posadero me hizo señas de darle unas palmaditas a la niña y así lo hice. Esta rompió en un llanto aún más fuerte y hundió su cabeza en mi pecho. Sentí que sus lágrimas pasaban la ropa y resbalaban en mi pecho. Su madre había muerto y de manera horrible frente a ella. 

Me quedé abrazándola un largo rato y la chiquilla se acurrucó a llorar a rienda suelta hasta que no pudo más. El ambiente festivo fue regresando y era imposible no sentirte extraño ante la situación. 

—Ven Amy, necesitas comer algo y dormir —la señora Katie se llevó a la niña a la parte de atrás, no sin antes dirigirse a mí —. Deberías ir a cambiar esos colmillos, necesitarás el dinero y con todo el desastre la muralla será un caos. 

—¿Dónde lo puedo cambiar? 

—Ve a la muralla, allí te diriges a la barra y están los cajeros de objetos. 

—¡Oh!

—No dejes que te den menos de cuatro cobres por eso —Me dio unas palmaditas y se alejó.

—Creo que tiene razón, deberías ir cambiar eso —Repuso Vert. 

—Solo pienso ¿qué debería hacer con el dinero y cuánto podría alcanzar con esto? —moví los colmillos sobre la mesa. Vermont estaba pasando por el lugar y escuchó la conversación. 

—Por eso no tienen que preocuparse. Con tantas cosas destruidas se necesitarán personas para trabajar en estos días. Podrán ganar para estar mientras tanto. 

—¿Qué crees que necesitemos? —preguntó Mena al hombre. 

—Pues eso depende mucho de qué deseen hacer. Si trabajan en una tienda es diferente a si trabajan en una posada, y mucho más si se unen a la guardia. 

—¿La guardia? —preguntó Vert. 

—Los que vigilan la zona exterior de la ciudad, se han quedado sin muchas personas últimamente. Los goblins han armado campamentos y los trolls se han acercado. 

—No estoy segura de querer estar en la guardia —Melanie estaba pálida. 

—Las chicas pueden conseguir trabajo en tabernas, es más sencillo —sugirió el hombre mayor.

—Supongo que los chicos deberemos ver en qué nos acomodamos —Vert sonrió un poco. 

—En un poco difícil, los últimos Ruck han sido…

—¿Qué? —pregunté.

—Pues bastante decepcionantes. Muchos no querían trabajar y los que se metieron al Abyss acabaron muertos de inmediato. Pero tu después de haber matado un fenrir tendrás mejores oportunidades.

—Eso es algo alentador al menos —no iba a comentar que aquello fue solo una casualidad. Era mi mejor oportunidad para tener algo más. Algo que no fuese solo una porqueriza. 

—Pero creo que deberían comprar algo de ropa —nos observó —se nota que no son de aquí.

Vermont siguió paseando por el lugar y yo me levanté del mismo tomando los cuatro colmillos en la mano. Los chicos me siguieron camino a la muralla. El posadero tenía razón, al salir, los dueños de las tiendas necesitaban ayuda con los maderos para reparar los destrozos.

Vert preguntó y conseguimos trabajo reparando el desastre del lugar, barriendo, cargando los maderos. El lugar era una ruina. Al menos tres tiendas estaban totalmente destrozadas y las piedras, maderas y suministros se hallaban regados por el lugar. 

Lo sorprendente es que el ambiente era como si un desastre natural hubiese arrasado el mismo. A pesar de ello todos estaban bastante joviales y ninguno se preocupaba demasiado porque su negocio se cayera. Aquello era usual y normal en el lugar. 

Me apresuré en llegar hasta la muralla. Me miraron hacia abajo cuando pedí entrar y debí explicar mostrando los colmillos del fenrir. En el interior había salas enormes y pilares de diez metros adornado con dragones dorados y verdes. Los aventureros caminaban de un lugar a otro y al fondo de la estancia se observaban los sitios de cambio. 

Eran casillas con ventanas y encargadas en la zona externa hablando con los aventureros. Me acerqué con algo de temor apretando los colmillos en la mano. Una encargada se me acercó. 

—¿Usuario y gremio? 

—¿Qué?

—Usuario y gremio — de pronto alzó la mirada y se fijó en mi apariencia —¡Oh, eres un Ruck! Disculpa de verdad, sucede que nunca llega alguien sin usuario. Nunca alguien sin gremio. 

—¿Cómo debo hacer? 

—Debes llenar un formulario. Dame un segundo y te busco uno, aunque debo preguntar por tu gremio, suele presentarte un gremio —La mujer se alejó un poco y yo me quedé en silencio esperando. Era el centro de la atención. 

—¿Eres el Ruck que eliminó el fenrir? —Se acercó un hombre que tenía un casco con fauces de lobo, era por mucho más alto que yo, cabello corto, oscuro y una espada enorme en la espalda. Su escudo a un costado también resultaba prominente y notorio.

—Eh, yo, sí. 

—¿Con que lo mataste? ¿Espada, hacha, martillo? 

—Yo —. Dudé —lo maté con un madero, un pedazo de madera. 

—¿Cómo? Pero la piel de los fenrir es dura, un pedazo de madera no la penetraría…

—La metí en la boca y le llegó al cráneo. 

—¿Es en serio? ¡Duck! Ven a escuchar esto, el chico lo mató con un pedazo de madera en la boca —Otro hombre que iba con capucha hasta el rostro se acercó sonriendo débilmente —Oye Ruck, cuando seas nivel dos ven al gremio Marbhi —El par de hombres se retiraron sin decir más y al darme la vuelta encontré a la mujer con un papel y una amable sonrisa. 

—Necesito tu nombre, tus estadísticas. Del gremio deberemos prescindir, pero apenas tengas uno deberás informarlo.

—Bien, Allan. 

—¿Solo Allan?

—Solo Allan, soy un Ruck, no recuerdo nada. 

—Me refiero a un nombre, todos los aventureros tienen un nombre. 

—¿Un nombre? Acabo de llegar el día de hoy, no tengo nombre. Nadie me ha puesto uno —noté que la mujer intentaba no reír y lo disimulaba bajando la cabeza. Agradecí que fuese considerada.

—Nadie te coloca un nombre, debes colocártelo a ti mismo. Es como te llamarán los demás aventureros. 

—No soy un aventurero —repuse. 

—Necesitas ser un aventurero para reclamar el dinero. Llevamos registro de las transacciones de cada aventurero. Solo imagina un nombre que te guste y lo usarás esta vez para cobrar el dinero. 

Un nombre, quizás no fuese algo importante, solo un nombre —Colmillo —Contesté. 

—Colmillo está tomado. 

—¡Oh! — pensé un instante —Fenrir entonces.

—¿Fenrir? ¿te pondrás el nombre de una bestia? 

—Es que no conozco mucho de aquí, es lo único que se me ocurre. 

—Bien. Allan Fenrir. 

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